miércoles, 20 de junio de 2018

Las regularidades de la subjetividad

De la misma forma en que existen las leyes del caos, o las leyes del azar (probabilidades), existen también regularidades observables en las decisiones subjetivas establecidas por los seres humanos. Incluso en la mecánica cuántica surge la paradoja de que la función de onda (asociada a las partículas atómicas), cuyo cuadrado es interpretado como una medida de la probabilidad de localización de una partícula, está regida por una ecuación diferencial determinista, en la que el futuro depende del estado del presente.

En el caso de la economía, luego de la admisión de que el valor de los bienes económicos tiene un carácter subjetivo (es el consumidor quien le otorga valor a las cosas, sin que haya que atribuirles un valor objetivo) resulta erróneo suponer que no existan regularidades ni leyes que amparen tales valoraciones y decisiones posteriores, llegando a la errónea conclusión de que la ciencia económica es una “ciencia subjetiva”; por cuanto resulta sencillo observar en cualquier texto de economía gran cantidad de leyes propias de esa rama de las ciencias sociales. Carl Menger advertía a sus lectores de no caer en ese error: “Tan sólo querríamos prevenir aquí contra la opinión de quienes niegan la regularidad de los fenómenos económicos aludiendo a la libre voluntad de los hombres, porque por este camino lo que se niega es que las teorías de la economía política tengan el rango de ciencia exacta” (De “Principios de Economía Política”-Ediciones Folio-Barcelona 1996).

Por otra parte, Ludwig von Mises consideraba inadecuada la intención de describir la acción humana en base a relaciones del tipo estímulo-respuesta, considerando que para ello debería llegarse a una descripción a nivel de los procesos físicos y químicos que gobiernan nuestro cuerpo y nuestra mente. De ahí que considera, acertadamente, que la acción humana depende esencialmente de las ideas y de una finalidad asociada a cada una de nuestras acciones. Al respecto escribió: “Un positivista confiado puede esperar que algún día los fisiólogos tengan éxito en describir en términos físicos y químicos todos los eventos que resultaron en la producción de individuos determinados y en la modificación de su sustancia innata durante sus vidas. Podemos dejar de lado la pregunta de si un conocimiento tal sería suficiente para explicar de manera completa el comportamiento de los animales en cualquier situación que debieran enfrentar. Pero no debe dudarse de que no le permitiría al estudiante lidiar con el modo en que un hombre reacciona a estímulos externos. Porque esta reacción humana está determinada por ideas, un fenómeno cuya descripción está más allá del alcance de la física, la química y la fisiología” (De “Los fundamentos últimos de la ciencia económica”).

Se advierte, sin embargo, que Mises no tiene en cuenta la posible existencia de una actitud característica, que es una respuesta típica individual que tiene en cuenta las ideas, el razonamiento y los aspectos emocionales que intervienen en los procesos asociados a la toma de decisiones. Al no estar del todo convencido de tal atributo individual, que es la base de la Psicología social, adopta el largo y complejo camino de adoptar para la acción humana un fundamento similar al de las ciencias formales como la lógica y las matemáticas. Al respecto escribió: “Desde el punto de vista de la epistemología, la característica distintiva de lo que llamamos naturaleza consiste en la descubrible e inevitable regularidad en la concatenación y secuencia de los fenómenos. Por otra parte, la característica distintiva de lo que llamamos el ámbito humano o historia o, para decirlo mejor, el reino de la acción humana, es la ausencia de dicha regularidad”.

“Bajo condiciones idénticas las piedras siempre reaccionan de la misma manera a los mismos estímulos; podemos aprender algo acerca de esos patrones regulares de reacción, y podemos utilizar ese conocimiento para encaminar nuestras acciones hacia fines específicos. La clasificación que hacemos de objetos naturales y el darle nombre a estas clases es un resultado de ese conocimiento. Una piedra es una cosa que reacciona en una forma específica. Los hombres responden de diferentes maneras ante el mismo estímulo, y el mismo hombre en diferentes ocasiones puede actuar en formas distintas a su conducta pasada o futura. Es imposible agrupar a los hombres en clases cuyos miembros siempre reaccionen de la misma manera”.

“Esto no quiere decir que las acciones humanas futuras sean totalmente impredecibles. Pueden, en cierta manera, ser previstas hasta cierto punto. Pero los métodos utilizados en tales previsiones y su alcance son lógica y epistemológicamente diferentes de los que se utilizan en la predicción de acontecimientos naturales y también de su alcance” (De “Teoría e Historia”-Unión Editorial SA-Madrid 1975).

Si no existiera una respuesta típica en las personas, sería imposible conocerlas y sería imposible toda vida en sociedad. Si un individuo actúa respetuosamente un día mientras que al día siguiente, ante un estímulo similar, actuara en forma descortés, pensamos que algo le habrá sucedido o que actúa en una forma impredecible, por lo que resulta poco confiable para un vínculo social estable. Por el contrario, al disponer todo individuo de una personalidad típica, materializada en la actitud característica, es posible establecer vínculos sociales estables. Ello no significa que tal respuesta sea invariable como la de una piedra a la que se le da un impulso, ni tampoco que los seres humanos mantengamos una misma actitud durante toda nuestra vida, ya que la educación y la influencia social van modificando las ideas y la conducta a lo largo del tiempo.

Al desconocer Ludwig von Mises los lineamientos básicos de la Psicología Social, desvinculó la praxeología (estudio de la acción humana) de las teorías de la acción de las demás ciencias sociales. De ahí que resulte bastante más simple, incorporar la economía al resto de las ciencias sociales y adoptar una teoría de la acción basada en la actitud característica, surgida de la Psicología Social.

El concepto de actitud no es solamente el puente que une lo individual con lo social, sino también el vínculo entre las diversas ramas de las ciencias sociales, incluso entre ciencia y religión. Al adoptar como base de la acción cooperativa a la actitud por la cual tendemos a compartir las penas y las alegrías ajenas como propias (amor), se observa un vínculo entre la religión cristiana y la economía de mercado, que promueve un beneficio simultáneo en todo intercambio económico. La ética cristiana resulta ser una ética natural (basada en la empatía) que ha de servir también para optimizar el comportamiento económico de productores y consumidores. Jesús Huerta de Soto escribió: “La consideración del proceso social como una realidad dinámica constituida por la interacción de miles de seres humanos, cada uno de ellos dotado de una innata y constante capacidad creativa, imposibilita el conocer con detalle cuáles serán los costes y beneficios derivados de cada acción, lo que exige que el ser humano tenga que utilizar como piloto automático de comportamiento una serie de guías o principios morales de actuación”.

“Estos principios morales además tienden a hacer posible la interacción coordinada de los diferentes seres humanos y, por tanto, generan un proceso de coordinación que, en cierto sentido, podría calificarse de dinámicamente eficiente. Desde la concepción del mercado como un proceso dinámico, la eficiencia entendida como coordinación surge del comportamiento de los seres humanos efectuado siguiendo unas específicas normas pautadas de tipo moral, y viceversa, el ejercicio de la acción humana sometida a estos principios éticos da lugar a una eficiencia dinámica entendida como tendencia coordinadora en los procesos de interacción social. Por eso, podemos concluir que desde un punto de vista dinámico la eficiencia no es compatible con distintos esquemas de equidad o justicia, sino que surge única y exclusivamente de uno de ellos”.

“Quizá uno de los aspectos más significativos de las últimas formulaciones de la doctrina social de la Iglesia Católica a favor de la economía de mercado radica en la gran influencia que en las mismas han tenido las concepciones de la Escuela Austriaca de Economía, y en particular las de Hayek y Kirzner, el primero un católico agnóstico no practicante, y el segundo un judío practicante profundamente religioso”.

“En efecto, el pensador católico Michael Novak sorprendió al mundo cuando hizo pública la extensa conversación personal que el papa Juan Pablo II y Hayek mantuvieron antes del fallecimiento de este último. Y posteriormente, en su notable libro «The Catholic Ethic and the Spirit of Capitalism», Novak señala el gran paralelismo existente entre la concepción de la acción humana creativa, desarrollada por el Papa en su tesis doctoral titulada «Persona y acción», y la concepción de la función empresarial que debemos a Kirzner”.

“Esta concepción ha sido refinada por Juan Pablo II en su encíclica «Centesimus annus», donde expresamente se refiere ya a cómo el factor decisivo en la sociedad es la capacidad empresarial o acción humana creativa o, como dice con sus propias palabras, «el hombre mismo, es decir su capacidad de conocimiento», en sus dos variantes de conocimiento científico y conocimiento práctico, que define como aquél necesario para «intuir y satisfacer las necesidades de los demás». De acuerdo con Juan Pablo II, estos conocimientos permiten al ser humano «expresar su creatividad y desarrollar sus capacidades», así como introducirle en esa «red de conocimiento e intercomunicación social» que constituye el mercado y la sociedad. De manera que, para Juan Pablo II, cada vez «se hace más evidente el determinante papel del trabajo humano (yo diría, más bien, acción humana) disciplinado y creativo y el de las capacidades de iniciativa y del espíritu emprendedor como parte esencial del mismo trabajo»”

“Por primera vez en la historia, pues, y gracias a la positiva influencia de la Escuela Austriaca de Economía, la doctrina social de la Iglesia Católica se ha puesto por delante del paradigma dominante de la propia ciencia económica que hasta ahora ha venido ignorando al ser humano creativo y anclado en una concepción estática del mercado y de la sociedad” (Del Estudio Preliminar de “Creatividad, Capitalismo y Justicia Distributiva” de Israel M. Kirzner-Ediciones Folio SA-Barcelona 1997).

miércoles, 13 de junio de 2018

Economía ¿ciencia formal o fáctica?

Las diversas ramas de la ciencia pueden agruparse en dos grupos principales: formales y fácticas (o factuales). Las ciencias formales son la lógica y la matemática, mientras que el resto son calificadas como fácticas. Tanto la lógica como la matemática tienen una validación interna, es decir, se aceptan como ciencias por cuanto resultan compatibles, o no contradictorias, con los axiomas básicos que las sustentan. Ello no significa, sin embargo, que se busquen o se acepten estructuras formales que tengan poca, o ninguna, cabida en el mundo real; de ahí la expresión de Henri Poincaré: “Descubrir es elegir”.

La lógica, que describe el pensamiento humano de tipo “verdadero” o “falso”, describe también el comportamiento de circuitos eléctricos en los cuales los interruptores admiten dos estados posibles: “abierto” o “cerrado”. Ello ha favorecido el desarrollo de la electrónica digital y el advenimiento de la computadora digital.

En cuanto a la validez de las estructuras matemáticas, puede decirse que son modelos formales que se establecen sin hacer referencia al mundo real, no porque no tengan cabida, sino porque tienen muchas aplicaciones (por lo general). Incluso existen vínculos entre las diferentes ramas de la matemática, que surgen dentro de ese ámbito, y que pueden reflejar lo que acontece en el mundo real. Este ha sido el caso de la mecánica cuántica, descripta en sus distintas versiones, equivalentes entre sí. En la versión de Edwin Schrödinger se utilizan ecuaciones diferenciales, en la de Werner Heisenberg se utilizan matrices y en la Paul Dirac, álgebras no conmutativas. Tales vínculos no sólo hacen atractiva a las matemáticas sino también a la física teórica.

En cuanto a la economía, se acepta que es una ciencia social que estudia las formas en que el productor satisface las demandas del consumidor. De ahí que aparecen entidades observables y concretas, como el mercado y los individuos que componen la sociedad por lo cual resulta ser una ciencia fáctica. Sin embargo, algunos economistas consideran que se trata de una ciencia formal, como la lógica o las matemáticas. Mario Bunge escribió: “Algunos eruditos, en particular los miembros de la escuela austriaca, sostienen que las teorías económicas son verdaderas a priori por lo que no es necesario someterlas a prueba. Hayek afirmó que la única parte empírica de la economía concierne a la adquisición del conocimiento. Otros, particularmente quienes consideran la economía como una ciencia de decisiones, aducen que las teorías económicas no son descriptivas sino normativas, y por lo tanto inverificables” (De “Las ciencias sociales en discusión”-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 1999).

En realidad, una teoría es verdadera si resulta compatible con la realidad aunque esté insuficientemente fundamentada o deficientemente axiomatizada. Eduardo A. Zalduendo escribió: “La escuela austriaca considera que la bondad de una teoría no depende del realismo de los supuestos que componen sus variables, sino de sus buenas predicciones; por eso se ha difundido la expresión «economía positiva»” (De “Breve Historia del Pensamiento Económico”-Ediciones Macchi-Buenos Aires 1998).

En alguna parte, Louis de Broglie comentaba que “en los fundamentos de una teoría física aparecen postulados arbitrarios” y que “los resultados legitiman su empleo”. En el caso de la economía, resulta evidente que es necesario establecer postulados básicos para toda la economía, que sean compatibles, no sólo con la realidad, sino con el resto de las ciencias sociales. Debido a la consideración de la economía como ciencia formal, no existiría dicho vínculo, que en realidad existe en toda sociedad real, tal el caso de los fenómenos descriptos por la psicología social, sociología, política, y por la propia economía. Friedrich von Hayek escribió: “Nadie puede ser un gran economista si es solamente un economista –y me veo incluso tentado de agregar que un economista que es solamente un economista puede ser una calamidad, hasta un verdadero peligro” (Citado en “Los profetas de la felicidad” de Alain Minc-Editorial Paidós SAICF-Buenos Aires 2005).

El hombre libre tiende a establecer intercambios voluntarios con otros hombres libres. Esto da lugar a un sistema autoorganizado (la mano invisible de Adam Smith) que se establece en forma espontánea (mercado). La ley de oferta y demanda es una consecuencia de la búsqueda de calidad y precio por parte del comprador y de satisfacer esas demandas por parte del productor.

Los detractores de la economía aducen que no existe tal cosa como el mercado, y menos aún el mercado idealizado por los economistas. Tal procedimiento de idealización de entes cercanos a la realidad se utiliza también en la teoría de los circuitos eléctricos, una rama del electromagnetismo. En este caso, entre las principales entidades utilizadas aparecen resistencias, bobinas y capacitores. En el mundo real no existen tales elementos circuitales en estado “puro”, ya que todo bobinado tiene inductancia y también algo de resistencia y de capacidad eléctrica; algo similar ocurre con las resistencias y los capacitores. Sin embargo, se establece una teoría de amplio alcance en base a tales elementos idealizados.

Es posible, por lo tanto, considerar la existencia del mercado como el primer postulado de la economía en vista de una axiomatización compatible con las ciencias fácticas. Como segundo axioma ha de considerarse la “acción humana”, siguiendo la tendencia propuesta por Ludwig von Mises. Desde el momento en que se establece la teoría del valor subjetivo, comienza a tenerse presentes los atributos individuales de los seres humanos que intervienen en el proceso económico. Mises escribió: “Hay quienes sólo se interesan por su propio bienestar personal. A otros, en cambio, las desgracias ajenas cáusales tanto o más malestar que sus propias desventuras. Hay personas que no aspiran más que a satisfacer el deseo sexual, la apetencia de alimentos, bebida y vivienda y demás placeres materiales. No faltan, por el contrario, quienes se interesan en mayor grado por aquellas satisfacciones generalmente calificadas de «superiores» o «espirituales». Existen seres dispuestos a acomodar su conducta a las exigencias de la cooperación social; y, sin embargo, también hay quienes propenden a quebrantar las normas en cuestión. Para unas gentes el tránsito terrenal es camino que puede conducir a la bienaventuranza eterna; pero también hay quienes no creen en las enseñanzas de religión alguna y para nada las toman en cuenta”.

“La praxeología [estudio de la acción humana] no se interesa por los objetivos últimos que la acción pueda perseguir. Sus enseñanzas resultan válidas para todo tipo de actuación, independientemente del fin a que se aspira. Constituye ciencia atinente a los medios; en modo alguno a los fines” (De “La acción humana”-Editorial Sopec SA-Madrid 1968).

Los economistas tienden a unificar las respuestas posibles de los individuos en el mercado bajo la denominada “elección racional”, que vendría ser una respuesta o actitud generalizada que sirve para describir las decisiones individuales. Mario Bunge escribió: “La teoría de la elección racional trata de valoración, intención, decisión, elección y acción; en especial, intercambio o comercio. Está basada en dos ideas simples y atractivas. La primera es el Postulado de Racionalidad, según el cual las personas saben lo que es mejor para ellas y actúan en conformidad. La segunda idea maestra es el postulado del Individualismo Metodológico. Según éste, todo lo que necesitamos para dar cuenta de cualquier hecho social en cualquier lugar y tiempo son las creencias, decisiones y acciones de los individuos implicados en él” (De “La relación entre la sociología y la filosofía”-Editorial EDAF SA-Madrid 2000).

En psicología social, la tendencia a la acción viene establecida por las actitudes. De ahí que la economía debería considerar, como postulado adicional, no la acción un tanto incompleta propuesta por Mises, o la “elección racional”, sino a las actitudes que los seres humanos mostramos en todos los aspectos de la vida social.

Cada persona posee una actitud característica, que es una respuesta típica que imprime nuestra individualidad. Tal actitud posee cuatro componentes básicas (amor, odio, egoísmo y negligencia), en distintas proporciones en cada persona, que son las causales por las cuales nos orientamos hacia las dos tendencias posibles adoptadas socialmente: cooperación y competencia.

Debido a que la optimización del comportamiento social implica acentuar nuestra actitud cooperativa, resulta también una optimización económica, ya que el buen desempeño económico del conjunto de la sociedad depende esencialmente del buen desempeño moral.

Los individuos poseen, en una determinada etapa de su vida, una actitud o respuesta característica por la cual, al participar en el mercado, tienden a buscar beneficios simultáneos en todo intercambio (cooperación social) o bien a buscar beneficios en forma unilateral (lo que lleva a la interrupción de futuros intercambios). Ludwig von Mises escribió: “La sociedad implica acción concertada, cooperación”.

La ciencia económica, como ciencia social, ha de tener como objetivo la descripción del proceso del mercado como de los factores que promueven, o bien limitan, su estabilidad, como así también la descripción de las actitudes individuales de sus participantes, con el objetivo de optimizar el comportamiento individual y social.

En caso de las posturas que promueven la destrucción del mercado, para imponer vínculos y normas sociales diferentes a las establecidas por los individuos en libertad, se desvirtúa el método descriptivo de la ciencia experimental, por cuanto ya no se describen comportamientos espontáneos sino impuestos exteriormente, como es el caso del socialismo; en cuyo caso, se inducen comportamientos coercitivos que distorsionan las condiciones iniciales de libertad impidiendo los intercambios voluntarios.

De ahí que podría intentarse definir la ciencia económica en función de su finalidad y sus objetivos descriptivos, como “la rama de la ciencia social que describe el funcionamiento del mercado como también la manera en que cada individuo ha de adaptarse al mismo en la búsqueda de una optimización del proceso de producción, consumo e intercambios”.

Para que la economía se ubique entre las ciencias fácticas, debe fundamentarse en los siguientes aspectos:

1- Mercado (democracia económica)
2- Teoría de la acción (Psicología social)
Objetivos: promover la adaptación de todo individuo, y de la sociedad, al proceso del mercado

martes, 27 de febrero de 2018

Actitud: fundamento de la Psicología Social

La actitud, como tendencia a responder de igual manera en similares circunstancias, resulta ser el vínculo entre el comportamiento individual y el social. De ahí que la Psicología Social resulte también el vínculo entre Psicología y Sociología. También ha de ser el vínculo entre teísmo y deísmo, por cuanto un Dios que responde de igual manera en iguales circunstancias actúa en forma similar a un orden natural regido por leyes naturales invariantes. Jean Maisonneuve escribió: “La aparición del concepto de actitud significa un progreso muy importante, porque la actitud, intermediaria entre el plano psicológico y el plano social, traduce la posición de un individuo, miembro de un grupo, frente a un problema colectivo. Por ejemplo, la actitud de Juan o Pedro en su familia, en un juego, o en una reunión política, expresa a la vez una reacción frente a ciertos hechos sociales determinados, y la intención de asumir cierta determinación, cierto rol”.

“Pero la actitud es también un concepto colectivo: podemos considerar las actitudes de un grupo frente a otro, de un público frente a una obra de teatro o una película; de un partido o de un sindicato frente a algún problema nacional o internacional. Bajo el aspecto verbal de la opinión, se presta a encuestas y a manipulaciones estadísticas que debían muy pronto alcanzar enorme desarrollo” (De “Psicología Social”- Editorial Paidós SA-Buenos Aires 1967).

Si bien alguien puede dudar de la existencia de una respuesta típica, o característica, en cada persona, se le puede responder que, de no existir, la vida en sociedad resultaría casi imposible, ya que, si cada persona respondiera en forma distinta ante iguales circunstancias, no sabríamos a qué atenernos. D. Krech, R. S. Crutchfield y E. L. Ballachey escribieron: “El hombre se halla forzado a luchar contra una serie de dificultades, a utilizar los mismos conocimientos y a responder dentro de un sistema estructurado de reacciones, puesto que el hombre es, al fin y al cabo, un animal organizador y conservador. Este bagaje de creencias, sentimientos y respuestas se pone de relieve siempre que el individuo se tiene que enfrentar con un determinado objeto. En otras palabras: se poseen como una especie de tendencias reaccionales o actitudes hacia los sujetos”.

“A medida que el individuo adquiere nuevas actitudes, esto es, en cuanto asimila nuevos objetos, sus dotes de improvisación ante dichos objetos disminuyen. Sus acciones se van haciendo cada vez más estereotipadas y, por lo tanto, más predecibles y consistentes. Por eso la vida social se convierte en una realidad, ya que, si no existieran esas expresiones, actitudes o reacciones estereotipadas, la vida social sería imposible” (De “Psicología Social”-Biblioteca Nueva-Madrid 1965).

Los citados autores mencionan la palabra “actitudes” teniendo en cuenta la gran cantidad de respuestas posibles ante la enorme variedad de objetos y personas que se nos presentan cotidianamente. Sin embargo, puede decirse que tal conjunto de respuestas individuales constituye la “actitud característica” de una persona, reservando el plural “actitudes” para designar al conjunto de respuestas características asociadas a cada una de las personas existentes en nuestro planeta. Como cada actitud característica es un conjunto de conocimientos, creencias, sentimientos y respuestas, ha de cambiar con el tiempo, por cuanto nuestros conocimientos como nuestras creencias tienden a variar a medida que mejoramos nuestro nivel de adaptación al orden natural, o a la sociedad. También cambiarán nuestros sentimientos y, finalmente, nuestras respuestas. Todo cambio individual, o social, se logrará cambiando nuestra actitud predominante y, para ello, hemos de modificar primeramente nuestros conocimientos y nuestras creencias.

El cambio ha de ser favorable si todo nuevo conocimiento adquirido resulta verdadero, esto es, compatible con la realidad, especialmente con las leyes naturales que rigen todo lo existente. También se podrán producir cambios a partir de conocimientos falsos, incompatibles con la realidad, algo que ha de alejar al hombre de los niveles de adaptación necesarios para lograr una vida plena.

La síntesis de la visión mencionada la establece D. Krech y sus coautores a través de un ejemplo concreto, tal el caso de la opinión de un individuo respecto de un grupo social: “La forma en que este individuo trata a los judíos se apoya en las creencias, en los sentimientos y en las tendencias reactivas que mantiene con respecto a ellos. Estos conocimientos, sentimientos y tendencias reactivas forman como una estructura; es decir, se relacionan entre sí. Pues bien: es a esta estructura a lo que llamamos actitud hacia los judíos. Los fenómenos sociales, bien que se trate de fenómenos religiosos, económicos, políticos, comerciales, etc., se hallan dirigidos por las actitudes”.

Podemos sintetizar la idea considerando las reacciones como respuestas generadas mediante nuestra actitud característica al actuar sobre ciertos estímulos, que son generalmente objetos o personas:

Respuesta = (Actitud característica) x (Estímulo)

Expresado en una forma compatible:

Actitud característica = Respuesta / Estímulo

Podemos, entonces, considerar a la actitud característica como una “respuesta característica”, por la cual respondemos de igual manera en iguales circunstancias (al menos en determinados momentos de nuestra vida). Este vínculo entre respuesta y estímulo, no debe confundirse con el utilizado en Biología, o por los conductistas en Psicología, por cuanto esta vez no vincula respuestas de los sentidos ante estímulos determinados, sino que son esencialmente respuestas en forma de sentimientos (positivos o negativos) que dependen del estímulo concreto (personas u objetos) y de la valoración que les demos.

Como nuestra actitud característica involucra conocimientos y sentimientos, es posible encontrarle componentes cognitivas como afectivas. Para ello es necesario partir de procesos psicológicos simples y evidentes como es el caso de la “asociación de ideas” para el aspecto cognitivo, y la “empatía” para el aspecto afectivo.

Para la “asociación de ideas”, con el subyacente proceso de “prueba y error”, encontramos cuatro referencias principales que darán lugar a las cuatro componentes cognitivas básicas de nuestra actitud característica y ellas serán: la propia realidad, lo que uno mismo piensa, lo que otra persona piensa o lo que la mayoría piensa. En síntesis: Realidad – Uno mismo – Otra persona – La mayoría

En cuanto al aspecto afectivo, el fenómeno empático nos permite ubicarnos imaginariamente en la situación de otras personas para, así, poder compartir sus penas y alegrías (amor). También existe el odio, por el cual la alegría ajena nos causa tristeza y la tristeza ajena nos causa alegría. El egoísmo tampoco resulta compatible con la empatía, por cuanto el egoísta sólo se interesa por sí mismo, mientras que el negligente ni siquiera se interesa por sí mismo. En síntesis: Amor – Odio – Egoísmo - Negligencia

Las componentes afectivas mencionadas generan las dos tendencias principales consideradas por la Psicología Social: cooperación y competencia. La primera surge del amor mientras que la segunda surge del odio y del egoísmo, siendo la negligencia un tanto neutral respecto a tales tendencias.

Por lo general, cada individuo tiene las cuatro componentes afectivas, aunque en distinto grado o en distintos porcentajes. El bien y el mal existen en distintas proporciones en cada uno de nosotros.

La escala de valores adoptada para nuestra vida social, depende esencialmente de nuestra actitud afectiva predominante. Edwin Hollander escribió: “Los gustos, los modales y la moral que nos caracterizan reflejan nuestras actitudes, así como los valores sociales que les sirven de base. La visión que un individuo tiene de su mundo y el modo en que actúa frente a él pueden ser entendidos, en gran medida, observando las actitudes que conforman su campo psicológico”.

“Actitudes y valores por igual poseen propiedades que definen lo que se espera y lo que se desea. Cabe concebirlos, por consiguiente, como estados motivacional-perceptuales que dirigen la acción” (De “Principios y métodos de Psicología Social”-Amorrortu Editores SCA-Buenos Aires 1968).

jueves, 27 de octubre de 2016

La acción humana en psicología social, sociología y economía

La acción humana puede constituirse en el fundamento básico de las ciencias sociales por cuanto resulta ser el punto de coincidencia entre las principales ramas de tales ciencias, ya que fundamenta, a la vez, a la psicología social, a la sociología y a la economía (al menos en la versión de la Escuela Austriaca de Economía).

En psicología social aparece como un sistema de realimentación negativa, como el indicado en el esquema siguiente, en el que al hombre se le asocia una actitud característica que define una tendencia definida respecto de las acciones que ha de adoptar:

Lo que desea (+/-) => Hombre => Lo que logra
....................<= Realimentación <=

Respuesta (lo que logra) = Actitud característica x Estímulo (lo que desea)

En un primer momento, (lo que logra) puede no ser igual a (lo que desea), ya que aparece cierta diferencia, o error, que actúa como un nuevo estímulo, que el individuo intenta reducir hasta que la diferencia sea aceptable, o la menor posible. A la actitud característica se le pueden asociar cuatro componentes afectivas, estableciéndose una “teoría de la acción ética”, mientras que, al asociarle cuatro componentes cognitivas, se establece adicionalmente una “teoría del conocimiento”; ambas aparecen inicialmente en el libro “Una opinión sobre el mundo” de Pompilio Zigrino-Mendoza 1978.

En cuanto a la sociología, Talcott Parsons escribió: “El objetivo de este estudio es seguir con detalle un proceso de cambio fundamental de la estructura de un único sistema teórico de las ciencias sociales”. “Por conveniencias de referencias, se llamará a este esquema conceptual teoría de la acción”.

“Puede llamarse a la unidad básica «acto unidad»”. “Un «acto» implica lógicamente lo siguiente:

1- Un agente, un «actor»
2- A efectos de definición, el acto debe tener un «fin», un futuro estado de cosas hacia el que se oriente el proceso de la acción.
3- Debe iniciarse en una «situación» cuyas tendencias de evolución difieran, en uno o más aspectos importantes, del estado de cosas hacia el que se orienta la acción (el fin)”.

Parsons distingue la acción consciente de aquellas que realizamos en forma instintiva, agregando: “Esta situación es, a su vez, descomponible en dos elementos: aquellos sobre los que el actor no tiene control (es decir, los que no puede alterar, o evitar que se alteren, de acuerdo con su fin), y aquellos sobre los que tiene control. Cabe denominar a los primeros «condiciones» de la acción; a los últimos, «medios»”.

“La primera implicación importante es la de que un acto es siempre un proceso en el tiempo. La categoría tiempo es básica para el esquema. El concepto de fin implica siempre una referencia futura a un estado que, o no existe todavía, y no empezaría a existir si el actor no hiciese algo a este respecto, o, si existe ya, no permanecería invariable. Este proceso, visto fundamentalmente en términos de su relación con los fines, es denominado, indistintamente: «consecución», «realización» y «logro»” (De “La estructura de la Acción Social”-Ediciones Guadarrama SA-Madrid 1968).

Hasta aquí, todo indica que ambas visiones resultan enteramente compatibles, si bien la primera emplea un sistema realimentado mientras que la segunda está expresada mediante palabras, posiblemente por carecer su autor de una formación técnica o ingenieril. Parsons agrega: “En segundo lugar, el hecho de que se abra al actor un abanico de posibilidades (en relación tanto con los fines como con los medios), en combinación con el concepto de una orientación normativa de la acción, supone la posibilidad de «error», de fracaso en la consecución de los fines o en la elección «correcta» de los medios. Los varios significados del error y los diversos factores a los que cabe atribuirlo constituirán uno de los principales temas a tratar”.

“En tercer lugar, el marco de referencia del esquema es subjetivo en un sentido especial. Es decir, trata de fenómenos, de cosas y sucesos tal y como aparecen desde el punto de vista del actor cuya acción se analiza y considera. Desde luego, los fenómenos del «mundo externo» juegan una parte principal en el condicionamiento de la acción. Pero, en la medida en que puedan utilizarse por este esquema teórico, deben ser reductibles a términos subjetivos en este sentido concreto”.

Los economistas que adhieren a la Escuela Austriaca de Economía fundamentan su visión en la acción humana. Tal es así que el libro básico de Ludwig von Mises se titula precisamente “La Acción Humana. Tratado de Economía”. En la descripción del comportamiento económico del hombre, llegan a la conclusión de que el valor otorgado a los bienes económicos tiene un carácter subjetivo, lo que pareciera implicar que la economía, como ciencia social, estuviese fundamentada en lo subjetivo, sin constituir un conocimiento objetivo, de validez universal. Talcott Parsons aclara esta situación: “Cabe decir que es competencia de toda ciencia empírica la comprensión de los fenómenos del mundo externo. Luego los hechos de la acción son, para el científico que los estudia, hechos del mundo exterior (en este sentido, hechos objetivos). Es decir, se refieren simbólicamente a fenómenos «externos» al científico, no al contenido de su propia mente. Pero, en este caso concreto, a diferencia de las ciencias físicas, los fenómenos que se estudian tienen un aspecto subjetivo científicamente relevante. Es decir, así como no es de la competencia del científico social el estudio del contenido de su propia mente, sí lo es, y mucho, el estudio del contenido de las mentes de las personas cuya acción estudia. Esto hace necesario distinguir entre el punto de vista objetivo y el subjetivo. La distinción y la relación de los dos entre sí son de gran importancia. Al decir «objetivo» en este contexto, se quiere decir: «desde el punto de vista del observador científico de la acción»; y al decir subjetivo: «desde el punto de vista del actor»”.

En cuanto al comportamiento del hombre económico, se lo puede sintetizar en la siguiente secuencia:

1- El hombre actúa
2- La gente tiene diversos fines
3- Hay una variedad de recursos o medios mediante los cuales la gente puede conseguir esos fines.
(De “Una introducción al razonamiento económico” de David Gordon-Pdf en www.anarcocapitalista.com).

En este caso se observa cierta similitud con la secuencia antes mencionada, de Talcott Parsons, lo que indica que se está hablando de una misma cosa, o de un proceso similar.

Al no existir, aparentemente, vinculación alguna entre los autores de las tres versiones, se advierte que no ha de ser una mera coincidencia, sino que todos están describiendo el mismo proceso observado en el mundo real. Si bien esta coincidencia no debe considerarse como una “prueba” de la veracidad de las mismas, al menos es un indicio de que se marcha por el buen camino.

Ludwig von Mises considera que el fundamento de la economía, la acción humana, cumple un papel similar a los axiomas en las ciencias formales, como la lógica y las matemáticas, en lugar de constituir un principio básico que puede ser adoptado como fundamento de las ciencias experimentales como la psicología social y la sociología. Por lo visto, tanto estas últimas, como la economía, tienen un fundamento enteramente experimental, es decir, accesible a la observación directa y a la verificación experimental. Mises escribió: “El prerrequisito más general de la acción es un estado de insatisfacción, por un lado, y, por otro, la posibilidad de eliminarlo o aliviarlo mediante la acción”.

En el caso de las matemáticas, puede decirse que están constituidas por entes y estructuras simbólicas sin una aplicación concreta al mundo real. No porque no tengan cabida, sino porque, por lo general, tienen muchas aplicaciones concretas. Son como esqueletos que adquieren vida cuando se les da una aplicación, siendo la ciencia de los modelos y las estructuras generales que prescinde, en su realización, de la aplicación concreta que se les pueda dar. También el sistema realimentado puede considerarse como una estructura o modelo matemático de múltiples aplicaciones, ya que “lo que desea” puede ser confeccionar una estatua, establecer una teoría científica, satisfacer una necesidad por medios económicos, etc., es decir, todo lo que se realiza mediante “prueba y error”; de ahí que el criterio adoptado por Mises haya sido el empleado por la lógica y las matemáticas.

Óscar Rodríguez Carreiro escribió: “La praxeología es el método distintivo de la Escuela Austriaca de Economía. El término, acuñado por Ludwig von Mises significa «la ciencia de la acción». La praxeología toma como punto de partida el axioma de la acción, que nos dice, simplemente, que el hombre actúa. Actuar significa escoger un fin y usar los medios que se crean adecuados para la consecución de ese fin. Actuar implica intentar pasar de un estado que se considera menos satisfactorio a otro más satisfactorio. Este axioma es autoevidente y no necesita de experiencia alguna para ser demostrado. No es autoevidente en un sentido psicológico, es decir, que se hace evidente a todo el mundo, sino en el sentido de que cualquier intento de refutación sólo lo confirma. Efectivamente, si alguien pretendiera negar el axioma de la acción estaría realizando una acción: tendría un fin y para conseguirlo usaría los medios que considerara adecuados (algún tiempo para pensar, ciertos argumentos, su propio cuerpo para realizar esos argumentos, etc.)”

“La praxeología se construye a partir de los principios intelectuales incluidos en la categoría de la acción humana por medio de deducciones lógicas y nos dota con el conocimiento teórico necesario para interpretar la realidad” (De “El método de la Escuela Austriaca: la praxeología” en http://xoandelugo.org).

La deducción lógica, no sólo tiene validez para las ciencias formales, sino también para las ciencias experimentales, ya que a partir de principios establecidos experimentalmente, cuando son compatibles con la realidad, pueden realizarse deducciones lógicas cuyas conclusiones también tendrán cabida en el mundo real, como es el caso de la física. Toda estructura descriptiva compatible con la realidad “hereda” la coherencia lógica del mundo real, o la coherencia matemática de las teorías de la física, siendo la coherencia lógica un requisito necesario, aunque no suficiente.

miércoles, 12 de octubre de 2016

Sistemas complejos adaptativos y fundamentos

Siendo el hombre un sistema complejo adaptativo, se lo debe describir en base a un sistema de realimentación negativa. Este proceso reconoce un objetivo a lograr (causa), un resultado logrado (efecto) y una posterior comparación entre causa y efecto a través del lazo de realimentación y del detector de error. La acción posterior del hombre será promovida esencialmente por el error detectado y apuntará esencialmente a que lo reduzca hasta que el resultado obtenido sea idéntico al objetivo inicial.

Lo que desea lograr (+/-) => Hombre => Lo que logra
............................. <= Realimentación <=

El esquema anterior resulta representativo de la “acción humana”, ya que lo que motiva nuestras acciones cotidianas es la existencia de deseos y necesidades (Lo que desea lograr), con la consiguiente búsqueda de la satisfacción parcial de las mismas (Lo que logra), siendo la diferencia entre ambas el error (o la tensión básica) que nos impulsa a continuar con la acción emprendida buscando dar una plena satisfacción a nuestras necesidades y a nuestros deseos.

Tensión = Lo que desea lograr – Lo que logra

Cuando el resultado logrado es similar al objetivo inicial, la tensión motivadora se anula y el sistema se estabiliza, cesando la acción humana (al menos en relación con el logro del objetivo considerado).

Este esquema permite describir el comportamiento básico del “hombre económico” que resulta esencial en la ciencia económica. Recordemos que Ludwig von Mises titula su libro básico como “La acción humana”, enunciando que el fundamento de la economía consiste en postulados no accesibles a la experimentación, como los adoptados por la lógica y las matemáticas, mientras que la descripción del hombre como sistema complejo adaptativo permite describirlo en base a un proceso evidente y accesible a la observación y a la comprobación directa.

El hombre dispone de una actitud o respuesta característica, diferente en cada persona, que puede definirse como la relación entre Respuesta y Estímulo; pudiendo simbolizarse de la siguiente manera:

Actitud característica = Respuesta / Estímulo

Respuesta = Actitud característica x Estímulo

En el caso considerado previamente, se advierte que el estímulo que desencadena la acción posterior es la tensión mencionada:

Respuesta = Actitud característica x Tensión

Nuestra actitud está orientada por dos principios generales: cooperación y competencia. Estos conceptos juntos (actitud, cooperación y competencia) son los constituyentes esenciales de la Psicología Social. De ahí que la economía, basada en la descripción de la acción humana, pueda observar la compatibilidad existente entre la actitud con la cooperación y con la competencia.

Si consideramos que el intercambio económico debe contemplar el beneficio simultáneo de las partes intervinientes, se observa una acción cooperativa. Si la competencia implica lograr una mejor cooperación, se compatibiliza acción, cooperación y competencia. De ahí que el proceso del mercado surja de la compatibilidad de estos conceptos. Puede decirse que, con una actitud ética elemental, junto con la posibilidad de tomar decisiones en libertad, se genera el proceso conocido como “mercado”.

Mercado = Acción libre + Cooperación + Competencia

Se justifica así la propuesta del liberalismo por la cual el mercado resulta ser un proceso autorregulado que surge en forma espontánea, siempre y cuando exista la posibilidad de establecer decisiones en libertad y que en los individuos actuantes predomine una actitud o predisposición a la cooperación social.

Las componentes afectivas de la actitud característica son el amor (se comparte penas y alegrías ajenas como propias), odio (la alegría ajena produce tristeza propia, la tristeza ajena produce alegría propia), egoísmo (desinterés por lo que le sucede a los demás) e indiferencia (desinterés por los demás y por uno mismo). Estas componentes básicas responden a las tendencias mencionadas: cooperación (amor) y competencia (odio, egoísmo). Además, se puede no cooperar ni competir (indiferencia).

También el proceso cognitivo puede describirse en base a un sistema de realimentación negativa, involucrando tanto al establecido a nivel individual como al asociado a la ciencia experimental:

Realidad (+/-) => Hombre => Modelo de la realidad
................<= Experimentación <=

Cuando un individuo describe la Realidad (o algún aspecto de la misma), establece un Modelo descriptivo que ha de ser comparado con lo que se pretende describir. Si la diferencia es grande, modifica su Modelo hasta que el error sea pequeño, o despreciable, en cuyo caso se habrá llegado a la verdad.

De ahí que la actitud característica del hombre disponga también de cuatro componentes cognitivas. Estas componentes consisten en las posibles referencias adoptadas para establecer comparaciones ante la necesidad de adquirir un nuevo conocimiento. Ellas son: la propia realidad, lo que piensa o cree uno mismo, lo que piensa o cree otra persona o lo que piensa o cree la mayoría. La actitud del científico resulta ser la mejor alternativa por cuanto adopta como referencia la propia realidad.

El proceso de adaptación cultural del hombre al orden natural implica también un sistema realimentado en el cual el objetivo a lograr es la Plena adaptación, mientras que se obtiene cierto Grado de adaptación, que difiere por lo general del objetivo. La labor del profeta, del filósofo o del científico social consiste en constituir una especie de “lazo de realimentación” que compara el objetivo a lograr con la situación real, sugiriendo normas de conducta apropiadas para reducir la diferencia, siendo un orientador para la toma de conciencia colectiva:

Plena adaptación (+/-) => Hombre => Grado de adaptación
.........................<= Profeta o Filósofo <=

Puede decirse que el nivel de felicidad es un indicio del grado de adaptación, o de desadaptación, al orden natural. El bien, la verdad y la felicidad implican adaptación plena; el mal, la mentira y la infelicidad, implican un pobre grado de adaptación.

Otros conceptos básicos pueden deducirse del esquema mencionado. Así, la cantidad de correcciones necesarias para llegar al objetivo, en el proceso de prueba y error, están asociadas al tiempo empleado. Por lo cual la inteligencia resulta ser una medida de la habilidad para adaptarse a nuevas situaciones, pudiendo definirse como:

Inteligencia = Información / Tiempo

La ética natural se reduce a la simple elección de la actitud que favorece la tendencia a la cooperación, pudiendo interpretarse el mandamiento cristiano del amor al prójimo como la tendencia a compartir las penas y las alegrías ajenas como propias.

Las componentes afectivas, junto a las componentes cognitivas, de la actitud característica, conforman una tipología básica de la personalidad individual, por lo cual, desde la Psicología Social puede definirse el concepto de personalidad con bastante precisión conceptual.

La utilización de los sistemas de realimentación negativa permite disponer de una base común para las ciencias sociales. Quizá sea ésta la forma en que alguna vez tales ciencias puedan constituir un “edificio único” en el cual se observe la compatibilidad entre sus distintas partes y pueda aceptar los diversos aportes propuestos. Esto contrasta con la realidad actual en la que, en algunas ramas de las ciencias sociales, tienen aceptación tanto una teoría que afirma algo como aquella que lo niega.

Como ejemplo del aislamiento existente puede mencionarse la propuesta que, desde la economía, se establece respecto al surgimiento de la sociedad. Gabriel J. Zanotti escribió: “Entender qué es la sociedad y cómo se forma nos permite comprender más a fondo el proceso del mercado. La sociedad surge debido a dos factores –entre otros- que permiten o funcionan como condición necesaria para su formación. Esos dos factores son: la ley de asociación y la capacidad de la mente humana para advertirla”.

“La ley de asociación –llamada también principio de asociación- expresa que el trabajo efectuado por diversos individuos según sus naturales aptitudes tiene mayor productividad (mayor cantidad de producción por igual unidad de tiempo, o menor tiempo por igual producción) que el realizado por un solo individuo. Este análisis, como teoría praxeológica de la sociedad, solo señala que la división del trabajo funciona como condición necesaria de la formación de la sociedad; es decir, como el factor que permitió a los hombres colaborar entre sí, independientemente de otros factores sociológicos o psicológicos del proceso. La sociedad humana se define como la cooperación de los seres humanos entre sí, bajo el signo de la división del trabajo, voluntaria y pacífica” (De la “Introducción a la Escuela Austriaca de Economía”-Unión Editorial SA-Madrid 2012).

En realidad, la sociedad implica un conjunto de personas vinculadas afectivamente, es decir, que comparten penas y alegrías, como paso previo a vincularse a través de la producción e intercambio de bienes y servicios. De esta manera, puede compatibilizarse la visión que de la sociedad se tiene desde la Economía con la que proviene de la Psicología social. Considerando que ambas descripciones son verdaderas, no existe oposición entre ambas, sino que son complementarias.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Conductismo social

Mientras que el conductivismo psicológico se caracteriza por utilizar el vínculo E-R (estímulo-respuesta) para la descripción del comportamiento individual, el conductivismo social se caracteriza por utilizarlo a través del concepto de actitud. Mientras que el vínculo E-R, en el primer caso, se aplica al campo de las respuestas de tipo emocional o fisiológico, en el segundo caso se lo aplica a la respuesta completa de un individuo contemplando tanto la interacción social como el aspecto cultural asociado.

El conductivismo de John B. Watson, aplicado al hombre, aparece como una ampliación de su empleo en la descripción de la conducta animal, en la cual no existe la introspección. George H Mead escribió: “Quedaba, sin embargo, el campo de la introspección, de las experiencias que son privadas y que pertenecen al individuo mismo –experiencias comúnmente llamadas subjetivas. ¿Qué había que hacer con ellas? La actitud de John B. Watson fue la de la Reina en «Alicia en el País de las Maravillas»: «¡Cortadles la cabeza!»; tales cosas no existían. No existía la imaginación ni la conciencia” (De “Espíritu, persona y sociedad”-Editorial Paidós-Buenos Aires 1972).

El conductismo social es el ámbito adecuado tanto para la descripción del individuo como del grupo social. Ello se advierte a partir de la utilización del concepto de actitud, por cuanto implica el vínculo existente entre individuo y grupo social."En psicología social no construimos la conducta del grupo social en términos de la conducta de los distintos individuos que lo componen; antes bien, partimos de un todo social determinado de compleja actividad social, dentro del cual analizamos (como elementos) la conducta de cada uno de los distintos individuos que lo componen. Es decir, que intentamos explicar la conducta del individuo en términos de la conducta organizada del grupo social, en lugar de explicar la conducta organizada del grupo social en términos de la conducta de los distintos individuos que pertenecen a él”.

En realidad, resulta difícil priorizar al individuo o al grupo social por cuanto sin los primeros no existe el segundo, mientras que si no existe el grupo social, la actitud del individuo prácticamente no puede formarse, excepto a un nivel cultural muy limitado. Gino Germani escribió: “Una actitud se define como una disposición psíquica, para algo o hacia algo, disposición que representa el antecedente interno de la acción y que llega a organizarse en el individuo a través de la experiencia –vale decir, es adquirida- y resulta de la integración de elementos indiferenciados biológicos y de elementos socioculturales específicos” (De “Psicologías del Siglo XX” de Edna Heidbreder-Editorial Paidós-Buenos Aires 1967).

Puede decirse que, mientras el grupo social tiende a formar las componentes afectivas y cognitivas de la actitud característica de cada individuo, tales componentes se proyectan hacia el grupo social para caracterizarlo mediante una especie de actitud característica grupal predominante. Sin embargo, no todo individuo es influenciable de la misma manera por el grupo social ni es influyente de la misma manera sobre el grupo, sino que existe un equilibrio dinámico entre individuo y sociedad. Gino Germani escribe: “Entre otras ventajas, el concepto de actitud presenta la de constituir el nexo entre las dos ramas de que se compone la psicología social actual: la psicología social de los grupos o psicología colectiva, y la psicología social del individuo”.

A partir del punto de vista de las actitudes, puede determinarse el concepto de personalidad. Como cada individuo posee las mismas componentes afectivas y cognitivas básicas que los demás, aunque en distintas proporciones, tales proporciones definirían su personalidad. Germani escribe al respecto: “Un grupo de investigadores interpreta la personalidad simplemente como una colección de actitudes altamente específicas”. “Sus principales autores, Cattel, Woodworth y Thorndike, sostienen que es posible reducir la personalidad a un cierto número mínimo de componentes básicos y uniformes, análogos en todos los hombres”. “El punto de vista común de los autores de esta tendencia es que la personalidad debe considerarse como una función de la sociedad, pero que al mismo tiempo es capaz de trascenderla. Afirman que si, por un lado, ella representa el «aspecto subjetivo de la cultura», por el otro posee la capacidad de trascender las formas culturales para transformarse de simple receptora en creadora de nuevas formas. La tarea de la psicología social consiste justamente en describir y explicar cómo se efectúa este incesante proceso de transmisión y creación de formas culturales a través de la personalidad humana”.

Lo interesante del conductismo social aparece en la forma en que George H. Mead describe la interacción social, para quien el acto psíquico social “es aquel en el que el individuo sirve en su acción como estímulo a la respuesta de otro individuo”. “El carácter más importante de la organización social de la conducta no es que un individuo en el grupo social hace lo que los demás, sino que la conducta de un individuo constituye un estimulo para que otro individuo realice determinado acto, y que a su vez este último acto se transforme en estímulo para una posterior reacción por parte del primer individuo, y así continuando en una interacción sin fin”.

Tal interacción social, denominada por Mead como una “conversación de actitudes”, es la que conforma la individualidad asociada a la personalidad de los seres humanos. Germani agrega: “El surgimiento del «yo» obedece a un proceso de interacción de esta misma naturaleza. Según Mead lo característico del «yo» es su capacidad de erigirse en objeto para sí mismo: en ello reside su esencia, la esencia de la individualidad misma. Esto es lo que lo diferencia de los animales, pues también la razón depende de esta capacidad que tiene el individuo de colocarse en el mismo campo de experiencia que los demás seres, hacia los cuales actúa en la interacción. Con otras palabras, la interacción social –es decir, la sociedad- se traslada en el interior mismo del individuo, y su esencia como ser humano consiste en tal capacidad de interacción consigo mismo”.

Desde el conductismo social se establece también la forma en que un niño va conformando su propia personalidad. Tal proceso ocurre cuando el individuo “asume la actitud o emplea el gesto que otro individuo emplearía, y además responde o tiende a responder a tal gesto. El niño se vuelve gradualmente un ser social a través de su propia experiencia y actúa hacia sí mismo de un modo similar al que emplea cuando se dirige a los demás”. Germani agrega: “De ningún modo debe confundirse este proceso con la imitación. Mead la critica extensamente, afirmando, entre otras cosas, que ella supone ya la emergencia del «yo» como cumplida. Ejemplos de esta interestimulación se encuentran en el comportamiento del niño hacia la madre, o en el juego. Así, el niño adopta las palabras, los gestos, los tonos de la madre, es decir adopta en sí mismo el papel de ella. En los juegos del niño pequeño la interacción es todavía rudimentaria. En esta fase hay ya una tendencia a asumir un papel; así, el niño juega a ser alguien, policía, indio, etc.”.

“En el juego organizado se pasa a un estadio en el que la asunción de un papel ya no se realiza al azar y al arbitrio del individuo, en este caso es necesario respetar ciertas reglas, las cuales establecen claramente el conjunto de respuestas que hay que dar frente a determinadas actitudes. Al tomar el ego cierta actitud se requiere en el alter cierta respuesta definida. Por lo tanto, el niño debe tener la capacidad de incorporar a su propia psique las actitudes de todos los demás incluidos en el juego. Tales actitudes asumen en el juego una especie de unidad organizada y esta organización de las actitudes ajenas, de los papeles ajenos en un todo unitario, es lo que Mead llama característicamente «el otro generalizado»”.

Para establecer la interacción social es necesaria una previa interacción simbólica. Francis A. Merrill escribió: “La interacción de los seres humanos no es como la de las bolas de billar, que chocan entre sí y se repelen, sino que se realiza a través de símbolos significativos comprendidos mutuamente por los participantes. La interacción social se lleva a efecto dentro de un conjunto de expectativas, reglas y normas aprendidas en la infancia a las que el individuo adapta su comportamiento después. La interacción social se caracteriza, por tanto, por «la presencia de actos expresivos por parte de una o más personas, la percepción consciente o inconsciente de esos actos por otras y la observación final de que esos actos expresivos han sido percibidos por otros» (Jurgen Ruesch)”.

“Los entes sociales realizan esta interacción conservando cada uno una personalidad propia y la condición de ente social adquirida a través del contacto con otros individuos de evolución similar. En ese proceso de socialización, el individuo aprende a «asumir el papel del otro» y a ponerse mentalmente en el lugar de aquel ante el que reacciona (George H. Mead). De esta manera, cada uno de ellos sopesa el impacto que producen sus propias palabras o gestos sobre el otro y al suponerse en su sitio se estimula a sí mismo. Consecuentemente, la interacción social no sólo incluye la que tiene lugar entre dos personas, sino también la de cada persona consigo misma” (De “Introducción a la Sociología”-Aguilar SA de Ediciones-Madrid 1967).

Uno de los objetivos de las ciencias sociales es el logro de una visión general que abarque la mayor parte de los fenómenos descriptos, es decir, se trata de establecer una teoría general del individuo y de la sociedad. Se advierte que ello es posible a partir del conductismo social. Así, desde las componentes afectivas de la actitud característica (amor, odio, egoísmo, negligencia) puede extraerse cierta ética natural, constituyendo una teoría de la acción ética. Luego, desde las componentes cognitivas de la actitud característica (referencia en la realidad, en uno mismo, en otro o en lo que todos dicen), y empleando el método de prueba y error de la ciencia experimental, puede extraerse una lógica analógica, constituyendo una teoría del conocimiento. Desde la interacción simbólica y el lenguaje es posible la interacción social y la formación de la personalidad. Luego, la personalidad se proyecta hacia la cultura. Se advierte que, en principio, es posible abarcar varios conceptos asociados al individuo y a la sociedad desde la visión descriptiva emergente del conductismo social. Puede hacerse un resumen:

Actitud característica => Componentes afectivas => Ética natural

Actitud característica => Componentes cognitivas => Lógica analógica

Lenguaje => Interacción simbólica => Interacción social => Personalidad => Cultura

domingo, 21 de julio de 2013

Las ciencias sociales y la unificación de sus conceptos

En toda actividad científica es deseable disponer de una descripción unificada de manera de permitir establecer deducciones a partir de unos pocos principios básicos; o, al menos, hacia ello debemos apuntar. En el caso de las ciencias sociales, se propone una descripción unificada a partir de la Psicología Social, tomando de ella algunas de sus variables típicas:

Psicología Social = Cooperación + Competencia + Actitud característica

La anterior igualdad surge de considerar que el ser humano se comporta socialmente orientado por dos tendencias principales, como son la cooperación y la competencia, disponiendo, además, de un atributo exclusivo de cada individuo como lo es la actitud característica, que puede definirse como:

Actitud característica = Respuesta / Estímulo

Existirán tantas actitudes diferentes como seres humanos habiten el planeta, por lo que, en una primera impresión, puede parecer inadecuado adoptar tal concepto con el objetivo de definir todo comportamiento individual. Sin embargo, veremos que es posible encontrar en cada actitud individual algunas componentes comunes que permitirán clasificarlas de manera de describir la mayor parte de las respuestas posibles, tanto desde el punto de vista afectivo como del cognitivo. Adviértase que si no existiese tal respuesta típica, o característica, de cada individuo, seria imposible conocerlo o habría de ser dificultoso predecir su posible comportamiento futuro. Podemos entonces decir que:

Actitud característica = Componentes afectivas + Componentes cognitivas

Siendo las componentes afectivas las siguientes:

a) Cooperativa: Amor (significa compartir las penas y las alegrías de los demás)

b) Competitivas: Odio (implica alegrarse del sufrimiento ajeno y entristecerse por su alegría), Egoísmo (implica interesarse sólo por uno mismo)

c) Otra: Indiferencia (significa no interesarse por nadie, incluido uno mismo)

En base a lo considerado hasta aquí, podemos establecer algunas conclusiones importantes. En primer lugar, se observa que la respuesta característica es un concepto que se utiliza ampliamente en las ciencias naturales, por lo que, en principio, se ha adoptado una metodología similar, en lugar de una propia de las ciencias sociales. En segundo lugar, al poder elegir la componente afectiva de tipo cooperativo, en lugar de las demás, estamos considerando la existencia de una ética natural que coincide esencialmente con la ética cristiana, calificando como el Bien a la tendencia cooperativa y el Mal a las restantes. En tercer lugar, al adoptar el método de las ciencias naturales y al definir el Bien y el Mal, y la forma en que se llega al primero y se evita al segundo, estamos definiendo una religión natural compatible con la ciencia.

Para una aceptable descripción del comportamiento humano, no basta con disponer de una visión adecuada de los aspectos afectivos, sino que es necesario describir además los aspectos cognitivos, que también han de formar parte de nuestra actitud característica. En cuando al aspecto cognitivo del hombre, podemos considerar la teoría del conocimiento propuesta por Karl Popper que involucra tanto al conocimiento científico como al vulgar, siendo el proceso elemental el de prueba y error, para una posterior selección de las hipótesis propuestas. Dicho proceso implica adoptar una referencia para realizar comparaciones, siendo la propia realidad la adoptada en el caso del pensamiento científico. En el caso del pensamiento cotidiano habrá otras posibles referencias adicionales, siendo las componentes cognitivas las siguientes:

a) La propia realidad (pensamiento científico)

b) Lo que uno mismo ha pensado o conoce

c) Lo que otra persona ha pensado o conoce

d) Lo que piensa, conoce o dice la mayoría

La actitud cognitiva real es una mezcla o agregado de las componentes básicas, si bien generalmente predomina alguna de ellas. Como conclusión podemos decir que, además de la lógica asociada a los razonamientos del tipo verdadero o falso, debe considerarse también una lógica analógica que es la que permite realizar comparaciones con las referencias mencionadas, constituyendo la lógica simbólica el “pensamiento lento” y la analógica el “pensamiento rápido”, en el sentido propuesto por Premio Nobel de Economía Daniel Kahneman.

A partir de la descripción realizada de la conducta humana, podemos afirmar que disponemos de una teoría de la personalidad adicional. Además, a partir de las componentes afectivas hemos definido el Bien, restando definir la verdad para disponer también de una unificación de las virtudes humanas, considerando que tanto el Bien como la verdad incluyen a las restantes. Podemos, entonces, definir a la verdad como sigue:

Error = (La descripción) – (Lo descrito)

Verdad (Cuando el Error = 0)

En realidad, nunca llegamos a una descripción en la cual se ha podido reducir el error a cero. Sin embargo, debemos tener presente la forma en que nos hemos de aproximar a tal situación ideal. Incluso en la física, una de las teorías vigente se ha acercado tanto a la exacta descripción que la diferencia entre teoría y experimento se manifiesta recién en el décimo lugar luego de la coma decimal. En cuestiones sociales, son admisibles errores bastante mayores.

Finalmente, debemos encontrar, si existe, un vínculo entre los aspectos afectivos y cognitivos. Con ello veremos que se logrará dar respuesta a uno de los temas centrales de la antropología, tal el de la evolución cultural de la humanidad. Entre las etapas evolutivas propuestas aparece la secuencia que va desde el salvajismo a la barbarie y, luego, a la civilización. Esta secuencia puede considerarse como una consecuencia de la evolución del hombre tanto desde el punto de vista afectivo, o ético, como del cognitivo.

Por otra parte, Auguste Comte propuso que el conocimiento humano, en todas sus ramas, sigue una secuencia que va desde el conocimiento teológico, seguido del metafísico para concluir con el positivo, que podemos interpretar como conocimiento religioso, filosófico y científico, respectivamente. Estas etapas podemos describirlas en base al cambio de la referencia adoptada comenzando por lo que dicen otras personas (los Libros Sagrados a través de la fe, en el caso religioso), o lo que piensan los demás o uno mismo (los filósofos a través de la razón) hasta llegar a tomar como referencia la propia realidad (la ciencia a través de la verificación experimental).

Considerando que transitamos por la etapa científica del conocimiento, debemos encontrar un vínculo entre lo afectivo y lo cognitivo para que, de esa manera, mediante la razón, podamos acercarnos a un comportamiento ético adecuado para nuestra óptima adaptación al orden natural. Tal principio de adaptación tuvo relación inicialmente con las experiencias de Ivan Pavlov y su descubrimiento de los hábitos adquiridos o reflejos condicionados, como es el caso del perro que incorpora una respuesta nueva al escuchar el estimulo constituido por el sonido de una campana, tal el de segregar saliva aun sin tener comida presente. Posteriormente, John B. Watson estudió el comportamiento de niños pequeños que jugaban amistosamente con ciertos animalitos; introduciendo una variante en el juego (que dejó de ser tal) por la cual producía un fuerte ruido detrás de un niño cada vez que éste tocaba al animalito. Como ese ruido le producía miedo, finalmente el niño terminó sintiendo miedo por el animalito, aun sin escuchar el fuerte ruido, adquiriendo un hábito que no poseía en un comienzo.

Una de las ideas más importantes, surgida de la psicología, implica la posibilidad de condicionar las respuestas afectivas en función de nuestros propios pensamientos. Esta posibilidad puede admitirse considerando que, si condicionamos nuestras respuestas a un simple ruido, o a otras causas, no debería resultar sorprendente que podamos orientar nuestras acciones mediante la adquisición de información depositada en nuestra memoria que nos indica lo positivas o negativas que pueden ser nuestras actitudes predominantes. Disponiendo de tal información podremos continuar, quizás a un ritmo mayor, el proceso de adaptación cultural mencionado. De ahí que resulte necesario e imprescindible disponer de una teoría unificada de las ciencias sociales, no tanto para satisfacer el espíritu crítico de los científicos o de los filósofos sociales, sino, sobre todo, para poder orientar al hombre común en un cercano acuerdo a la tendencia que nos imponen las leyes naturales.

Pero, quizás, el mayor salto evolutivo asociado al proceso de nuestra evolución cultural, ha de ser la aceptación generalizada y prioritaria de las leyes de Dios, o leyes naturales, como nuestra referencia a adoptar, en lugar de las descripciones de tales leyes y que constituyen el fundamento de las religiones morales (no paganas), ya que los Libros Sagrados sólo tienen sentido si se los lee “con un ojo puesto en la propia realidad”. La obra de Dios debe ser considerada prioritaria a las obras escritas por los hombres, por bienintencionadas que sean sus intenciones. Cuando Cristo indica: “Primeramente buscad el Reino de Dios y su justicia, que lo demás se os dará por añadidura”, nos sugiere dar prioridad al orden natural y a las leyes naturales que lo conforman, para que en nuestra vida predomine la justicia asociada a las mismas, en la que viene implícita la finalidad aparente del universo y de la vida de todo hombre.