Se ha propuesto una gran diversidad de teorías para describir la personalidad humana, que puede considerarse como el conjunto de atributos que nos caracteriza y nos da nuestra individualidad irrepetible. Seguramente la mayoría de tales teorías son compatibles con la realidad, aunque generalmente vean al hombre desde una visión particular; sin poder vincular tal descripción con las establecidas bajo otras perspectivas.
Las primeras teorías provenían del trabajo de psiquiatras, quienes necesitaban disponer de una descripción básica del hombre que les permitiera cumplir mejor con su tarea reparadora de la personalidad enferma. Sin embargo, se advirtió que tal tendencia llevaba implícita la desatención del hombre normal, por lo que posteriormente aparecen las “teorías humanistas”. Duane P. Schultz y Sydney E. Schultz escriben: “El humanismo es una corriente de pensamiento que se centra en los intereses y los valores del hombre. Esta teoría forma parte del movimiento que floreció en la psicología durante las décadas de 1960 y 1970, y que todavía sigue influyendo en ella. El objetivo de los partidarios de este movimiento fue modificar tanto los métodos como la disciplina. Se rebelaron contra el psicoanálisis y el conductismo, que entonces eran las dos grandes escuelas de la psicología en EEUU, porque pensaban que ofrecían una imagen limitada y denigrante de la naturaleza humana”.
“Los psicólogos humanistas criticaron a Freud y a los partidarios de la tradición psicoanalítica porque sólo estudiaban el aspecto patológico de la personalidad. Se preguntaban cómo llegaríamos algún día a conocer las características y cualidades positivas si sólo nos ocupábamos de las neurosis y psicosis. Así, estudiaron nuestras fortalezas y virtudes mediante la exploración del lado amable de la conducta, en lugar de su lado oscuro”.
“Pensaban que los conductistas tenían una perspectiva estrecha y estéril, porque prescindían de las fuerzas conscientes e inconscientes y sólo utilizaban la observación objetiva de la conducta manifiesta. Una psicología basada en la respuesta condicionada a los estímulos describe a los seres humanos como simples robots que reaccionan al mundo exterior de formas predeterminadas. Los psicólogos humanistas rechazaron esta concepción diciendo que no somos grandes ratas blancas ni computadoras lentas. Nuestra conducta es tan compleja que no se puede explicar sólo por medio de métodos conductistas” (De “Teorías de la Personalidad”-Cengeage Learning Editores SA-México 2010).
De todas formas, es necesario tener presente que existirán teorías de la personalidad que podrán adaptarse al campo de la psiquiatría mientras que resulta imprescindible disponer también de una teoría que describa al individuo permitiéndole mejorar aquellos aspectos que, manteniéndolos vigentes, derivarán en algún tipo de enfermedad social. De ahí los siguientes requisitos principales que tal teoría deberá reunir:
a) Que pueda vincularse de alguna manera a las investigaciones que se realizan en neurociencia
b) Que puedan extraerse de ella conclusiones prácticas accesibles al hombre común
c) Que permita establecer una ética natural elemental
d) Que contemple las tres dimensiones básicas del hombre (cuerpo, intelecto, sentimientos)
e) Que tenga presentes tanto a la evolución biológica como a la cultural
f) Que provea una orientación básica asociada a cierto sentido de la vida
Entre los principales exponentes del humanismo puede citarse a Abraham H. Maslow, quien prioriza los aspectos que motivan al individuo y que le permiten encontrar un sentido de la vida. Colin Wilson escribió: “De acuerdo con Maslow, la salud mental depende de la voluntad avivada por un sentido de propósito. Cuando los seres humanos pierden su impulso hacia delante, las baterías de la voluntad se descargan, exactamente del mismo modo que las baterías del automóvil cuando se deja éste en la cochera todo el invierno. El resultado es un sentimiento de «fracaso en la vida», una pérdida de valores instintivos. En la psicología de Maslow, el lugar central es conferido al sentido de los valores de la reacción humana a lo que vale la pena”. “Es una de las absurdas paradojas de la psicología, que ha necesitado tres siglos para llegar a la conclusión de que el hombre posee en verdad mente y voluntad” (De “Nuevos derroteros en psicología”-Editorial Diana SA-México 1979).
Podemos vislumbrar los componentes básicos de una teoría general de la personalidad suponiendo que ha de tener una parte que describa el aspecto emocional del hombre, otra que describa el aspecto cognitivo y, finalmente, otra parte que lo oriente respecto de la adopción o el descubrimiento de un sentido de la vida. Viktor Frankl escribió: “Cada época tiene sus neurosis y cada tiempo necesita su psicoterapia. En realidad, hoy no nos enfrentamos ya, como en los tiempos de Freud, con una frustración sexual, sino con una frustración existencial. El paciente típico de nuestros días no sufre tanto, como en los tiempos de Adler, bajo un complejo de inferioridad, sino bajo un abismal complejo de falta de sentido, acompañado de un sentimiento de vacío, razón por la que me inclino a hablar de un vacío existencial” (De “Ante el vacío existencial”-Editorial Herder SA-Barcelona 1980).
También Alfred Adler contempla cierta finalidad que debe alcanzar el hombre, por lo que escribió: “Nuestra idea del sentimiento de comunidad ha de llevar en sí el objetivo de una comunidad ideal como forma definitiva de la humanidad, como un estado en que todos los problemas que nos plantea la vida y nuestras relaciones con el mundo se nos parecen como ya resueltos. Pues todo aquello que encontremos valioso en nuestra vida, todo lo que subsiste y subsistirá, es siempre un producto de este sentimiento de comunidad, de este ideal orientador, de esta final meta de perfección”.
“¿Qué ha pasado con aquellos hombres que no han contribuido en nada al bienestar de la generalidad de los mortales? Y la contestación es la siguiente: Han desaparecido hasta en sus últimos vestigios. Nada ha quedado de ellos; se han extinguido somática y espiritualmente; se los ha tragado la tierra. Les pasó como a aquellas especies animales desaparecidas por no haber podido ponerse al unísono con las circunstancias cósmicas. Aquí tropezamos con una ley secreta, como si el Cosmos, siempre inquisitivo, nos ordenara: «¡Desapareced! ¡No habéis comprendido el sentido de la vida y no hay para vosotros porvenir!»” (De “El sentido de la vida”-Luis Miracle Editor-Barcelona 1959).
Un aspecto interesante extraído de la opinión de Alfred Adler radica en la posible existencia de un sentido de la vida objetivo, que depende del propio orden natural, y no sólo de las posibles elecciones que el hombre haga respecto de su orientación de la vida. Es decir, de todas las posibles elecciones del hombre, habrá algunas que se adaptarán en mayor medida al sentido impuesto por el orden natural y que está implícito en el espíritu de sus leyes.
En cuanto a la existencia de un sentido objetivo de la vida, podemos considerar al principio de complejidad-conciencia, asociado a la obra de Pierre Teilhard de Chardin. Este principio surge de interpretar la evolución de la materia, que va desde las partículas elementales hasta los átomos, moléculas y organismos como una tendencia hacia una complejidad creciente, hasta llegar a la vida inteligente, asociada, además, a una conciencia creciente, unificando en un solo proceso tanto a la evolución biológica como a la cultural. Desde la perspectiva actual de la ciencia, resulta algo evidente.
En cuanto a la teoría que responde a la mayor parte de los requisitos antes propuestos, puede decirse que ya viene esbozada en los lineamientos básicos de la Psicología Social, que distingue las dos tendencias generales del comportamiento humano: cooperación y competencia. Además, utiliza el concepto de actitud característica, que viene a ser una respuesta individual y personal que puede variar a medida que el hombre transita por el camino de la maduración personal. Finalmente, la teoría adquiere una forma explícita desde el momento en que podemos determinar las componentes afectivas y cognitivas de nuestra actitud característica, que se mencionan a continuación:
a) Componentes afectivas: amor, odio, egoísmo, indiferencia
b) Componentes cognitivas: adoptar como referencia la realidad, a lo que piensa otro hombre, a lo que piensa uno mismo, o a lo que piensa y acepta la mayoría
Las componentes básicas de las actitudes no predominan totalmente en cada individuo, sino que varias de ellas conforman su personalidad. Así, una persona puede compartir las penas y las alegrías de sus hijos (actitud del amor), mientras que, simultáneamente, puede alegrarse de que el lujoso automóvil de su vecino apareció completamente incendiado (actitud de odio). En este ejemplo, se trata de un caso en que la ética familiar resulta bastante distinta a la ética social.
En la adopción de las actitudes viene implícita cierta escala de valores, de ahí que quien adopta una actitud cooperativa en cierta forma está definiendo una preferencia por ciertos valores y cierto rechazo por otros. Edwin Hollander escribió: “Las actitudes implican expectativas acerca de nuestra propia conducta y de la conducta de otros y se vinculan con todos los aspectos de la vida social; por ende, sus múltiples efectos son evidentes a nuestro alrededor. Los gustos, los modales y la moral que nos caracterizan reflejan nuestras actitudes, así como los valores sociales que les sirven de base. La visión que un individuo tiene de su mundo y el modo en que actúa frente a él pueden ser entendidos, en gran medida, observando las actitudes que conforman su campo psicológico” (De “Principios y métodos de psicología social”-Amorrortu Editores SCA-Buenos Aires 1968).
En cuanto al primer requisito mencionado, tal el de la compatibilidad de la teoría de la personalidad respecto de los descubrimientos de la neurociencia, puede decirse que la actitud del amor, por la cual compartimos las penas y las alegrías de los demás, consiste esencialmente en la empatía, cuyo sustento neurológico se encuentra en las neuronas espejo.
Considerando que una ética elemental debe promover la cooperación en lugar de la competencia, encontramos en el amor a la actitud básica que debe predominar en el ser humano, por lo que puede decirse que tal teoría permite obtener una ética natural elemental y que, incluso, resulta compatible con la ética cristiana. Además, al adoptar tal actitud, estamos, de hecho, adoptando un concreto sentido de la vida, algo que todo individuo necesita imperiosamente para un pleno desarrollo de su personalidad.
En cuanto al aspecto cognitivo, se sugiere adoptar como referencia a la propia realidad, algo que a veces no resulta tan sencillo como parece. Por lo general, cuando predomina en cada uno de nosotros una actitud competitiva, tenemos la predisposición a priorizar nuestras ideas, o la de nuestros ídolos o líderes, aun cuando tal información sea incompatible con la verdad. En realidad, nadie podrá adquirir por sus propios medios toda la información disponible por parte de la humanidad, y que ha sido acumulada a lo largo de su historia, por lo que necesariamente hemos de aprender de otras personas. Lo que se quiere significar es que debemos tratar de aprender de las personas que previamente han tomado como referencia a la propia realidad, por lo que ello implica adoptarla como referencia, aunque sea de una manera indirecta. Por el contrario, el gobierno mental del hombre sobre el hombre aparece cuando se toma como referencia a personas que adoptan sus propias ideas como referencia, dejando de lado la verdad objetiva, por cuanto son motivados por metas puramente competitivas y egoístas.
Entre los atributos utilizados para la realización de las distintas teorías de la personalidad aparecen los rasgos. Ellos pueden, en principio, vincularse a las dos tendencias básicas consideradas por la Psicología Social, tales la cooperación y la competencia. De ahí que los rasgos pueden considerarse incluidos en las componentes de la actitud característica, aunque a veces no sea sencillo derivarlos de ellas. Rasgos y actitudes comparten varios atributos, por lo que posiblemente se trate de un problema de definiciones antes que de conceptos básicos. Lawrence A. Pervin escribió:
“Gordon Allport (1897-1967) consideraba que los rasgos eran los elementos estructurales básicos de la personalidad. Allport pensaba que un rasgo es una predisposición para responder de una forma determinada. Un rasgo conducía a la consistencia en la respuesta porque reunía varios estímulos «funcionalmente equivalentes» y presentaba diversas formas de conducta adaptativa y expresiva. Por ejemplo, la gente sociable es amable y comunicativa porque han considerado muchas situaciones como oportunidades para relacionarse con la gente y porque relacionarse con los otros es parte de su estilo de funcionamiento en el mundo. En otras palabras, los rasgos representan una disposición favorable para responder de una manera determinada porque, en el lado del input (de los estímulos), diferentes situaciones se tratan como semejantes y, en el lado del output (de las respuestas), la persona tiene un único estilo expresivo y adaptativo” (De “La Ciencia de la Personalidad”-McGraw-Hill Interamericana de España SAU-Madrid 1996).
La teoría de la personalidad propuesta por George Kelly pone especial énfasis en el aspecto cognitivo del hombre. Duane P. Schultz y Sydney E. Schultz escriben: “La teoría cognoscitiva de la personalidad se centra en cómo conocemos el ambiente y a nosotros mismos, en cómo percibimos, evaluamos, aprendemos, pensamos, tomamos decisiones y resolvemos problemas. Se trata de una verdadera teoría psicológica de la personalidad porque trata exclusivamente de las actividades mentales”.
“En esta perspectiva, las necesidades, los impulsos o las emociones no se consideran actividades aisladas de la personalidad, sino más bien aspectos de ésta que son controlados por los procesos cognoscitivos”. “Los teóricos del aprendizaje social también recurren a los procesos cognoscitivos. La diferencia entre estos enfoques y la teoría de George Kelly sobre la personalidad es que éste trata de describir todos los aspectos de la personalidad, incluyendo los elementos emocionales, a partir de los procesos cognoscitivos”.
“El modelo de la naturaleza humana que creó es muy original: llegó a la conclusión de que los individuos funcionan igual que un científico. El científico construye teorías e hipótesis y las contrasta con la realidad por medio de experimentos de laboratorio. Si los resultados apoyan la teoría, la mantiene. En caso contrario, tendrá que rechazarla o modificarla, y volver a comprobarla”.
El método científico descripto se conoce también como de “prueba y error”, siendo el error la diferencia detectada entre la descripción hecha y la realidad. Aunque no todos utilizan a la realidad como referencia, como antes se dijo, sino también las opiniones de otras personas, o de uno mismo, especialmente cuando se trata de temas como religión, filosofía o política.
Un avance importante, en materia cognitiva, se ha establecido a través de los aportes de Daniel Kahneman, quien considera al pensamiento humano dividido en uno rápido y en uno lento. Al segundo se lo puede asociar al pensamiento emergente del neocórtex, la última parte incorporada a nuestro cerebro en el proceso de la evolución biológica, mientras que el pensamiento lento provendría esencialmente de nuestro cerebro límbico, asociado al origen de nuestro aspecto emocional.
Es oportuno destacar que la postura científica se identifica con aquella adoptada por la religión natural, ya que supone la existencia de un universo completamente regido por leyes naturales invariantes. A partir de tales leyes, puede extraerse una ética elemental e incluso un sentido objetivo de la vida. Posiblemente estemos llegando a una época en que religión y ciencia puedan marchar juntas y, por ello mismo, se espera una unificación de las distintas religiones con el simultáneo cese de los conflictos y antagonismos generados desde ese ámbito cultural.
viernes, 22 de febrero de 2013
lunes, 16 de abril de 2012
Motivaciones y acción
Algunos de los conceptos más importantes de la psicología, que han promovido la realización de teorías parciales, son: el sentido de la vida, la motivación, la acción, la ética y la felicidad. Veremos que es posible considerarlos juntos y en un mismo esquema.
Primeramente consideraremos el caso individual en el cual un objetivo personal promueve una motivación para su logro. Tal motivación es el requisito previo a la acción, la cual estará caracterizada por decisiones que favorecen el logro del objetivo y aquellas que se oponen al mismo. El grado de satisfacción que nos brinda nuestra tarea en función de la búsqueda del objetivo, como del objetivo mismo una vez alcanzado, será una medida de que el mismo fue bien elegido, o si habrá que replantearlo en el futuro.
Como ejemplo de este tipo de elección tenemos el caso de una carrera universitaria o bien de una profesión. El objetivo ha sido elegido en función de cierta satisfacción personal que se espera disfrutar tanto en el periodo de estudios como en el posterior ejercicio de la profesión. Si la satisfacción esperada se transforma en una tarea poco grata, habremos de considerar la posibilidad de buscar otra actividad afín a nuestra personalidad. Podemos, entonces, hacer un esquema que liga los aspectos mencionados:
Objetivo → Motivación → Acción → Grado de satisfacción personal
Como este proceso resulta ser en realidad un sistema realimentado, falta agregar el vínculo entre lo que se logra (Grado de satisfacción personal) con aquello que se ha pretendido lograr (Grado de satisfacción asociado a la búsqueda y al logro del objetivo). Para ello se establece una comparación entre los mismos (restándolos) para que la diferencia actué sobre la motivación y se continúe nuevamente con la secuencia anterior.
Lo interesante de este modelo descriptivo elemental es que puede generalizarse para aquellos objetivos que trascienden a los individuos y que atañen a toda la humanidad. Supondremos que existe un objetivo personal general que está en función del sentido del universo, por lo que nuestro esquema esta vez adoptará la siguiente forma:
Sentido del universo → Motivación → Acción (ética) → Nivel de felicidad
Siendo realimentado este Nivel de felicidad para ser comparado con el Sentido del universo (o la felicidad esperada en su búsqueda y adaptación).
Hay quienes opinan que el hombre debe buscar los “pequeños objetivos” para, luego, una vez logrados, buscar los principales. Abraham H. Maslow escribió: “Conviene, por lo tanto, designar estos motivos y necesidades «superiores» de las personas autorrealizadas con el término de «metanecesidades», así como diferenciar la categoría de motivación de la categoría de «metamotivación»”. “Ahora está más claro para mí que la gratificación de las necesidades básicas no es una condición suficiente para la metamotivación, aunque puede ser una precondición necesaria”. “Parece que la metamotivación no resulta automáticamente de la satisfacción de las necesidades básicas” (De “La personalidad creadora”-Editorial Kairós-Barcelona 2005).
Desde el cristianismo se propone el logro simultáneo de los grandes y de los pequeños objetivos. Ello se debe a que el amor al prójimo no es sólo una meta a lograr una vez satisfechas las necesidades primarias de alimentos y vivienda, ya que, incluso, todo niño pequeño, o el simple animalito doméstico, necesitan estar satisfechos tanto del afecto recibido como de las demás necesidades básicas mencionadas, ya que su total ausencia significará una muerte segura. De ahí que Cristo sugería: “Busca primeramente el Reino de Dios y su justicia, que lo demás se os dará por añadidura”.
El hombre se encuentra, por lo general, a mitad de camino entre una vida orientada por una finalidad o bien por una vida carente de objetivos. Entre las diferencias esenciales que existe entre la vida inteligente y las restantes formas de vida, encontramos la necesidad de la búsqueda, en el primer caso, de una finalidad, o de un sentido, que oriente todas y cada una de nuestras acciones. Pierre Teilhard de Chardin escribió: “El hombre es el único animal en la escala zoológica que tiene que trazar su destino”.
En cuanto a la motivación, existen varias teorías psicológicas propuestas, aunque lo importante es establecer una teoría de la motivación junto a una teoría de la acción que permitan lograr cierta finalidad objetiva asociada al propio orden natural. Respecto de la acción, puede decirse que implica una ética y es una condición tanto emocional como cognitiva. Se conoce el objetivo y luego, emocionalmente, se favorece la acción conducente al logro de ese objetivo. La ética consiste esencialmente en conocer las acciones que favorecen el logro del objetivo como de aquellas que se oponen a ese logro. Víktor E. Frankl escribió: “Tarde o temprano nos veremos obligados, no ya a moralizar, sino a ontologizar la moral; habrá que definir el bien y el mal, no como algo que debamos o no hacer, sino el bien como aquello que favorece la realización del sentido que encomienda a un ente y se le elige, y el mal como aquello que impide su realización” (De “El hombre doliente”-Editorial Herder SA-Barcelona 1987).
Puede decirse que los problemas políticos y económicos, y no sólo los sociales, tienen también que ver con la ausencia de un sentido de la vida adoptado masivamente y en concordancia con el objetivo implícito en el espíritu de la ley natural. Así, tanto la sociedad de consumo como el totalitarismo estarían vinculados al vacío existencial. Víktor E. Frankl escribió: “En cuanto a las causas que provocan el vacío existencial, cabe enumerar dos: la pérdida del instinto y la pérdida de la tradición. Los instintos no dicen al hombre, contrariamente al animal, lo que debe hacer; las tradiciones tampoco dicen al hombre actual cuáles son sus deberes; y muchas veces éste parece no saber lo que quiere. Entonces se siente tentado a querer lo que los demás hacen o a hacer lo que los demás quieren. En el primer caso topamos con el conformismo y en el segundo con el totalitarismo”.
En el caso de la religión, vemos que en ella aparece, como objetivo del universo, la voluntad del Creador. El individuo que cree firmemente en ese Dios Creador, adquiere suficiente motivación para responder eficazmente a la ética propuesta por el profeta o por el enviado de ese Dios. Lo opuesto lo tenemos en el caso del que adopta una actitud nihilista negando toda posible existencia de un sentido del universo y, luego, del sentido de la vida individual, siendo posible que no tenga suficientes motivaciones para realizar su vida ya que podrá faltarle la “fuerza de la fe”.
La finalidad adoptada en la mayor parte de los planteos provenientes de la ciencia experimental, es la adaptación del hombre al orden natural. En esa adaptación distinguimos una evolución biológica y también una evolución cultural, propia esta última de la vida inteligente. Ambos tipos de evolución responden al aumento de la complejidad, medida por la información asociada a todo organismo, y al aumento de su grado de conciencia, que ha de ser el conocimiento que el ser viviente tiene respecto de esa información. Podemos hacer una síntesis:
(Adaptación = Evolución Biológica + Evolución cultural) → (Complejidad + Conciencia)
La búsqueda de objetivos que orientarán nuestra vida nos indica una evidente influencia del futuro. En caso de no existir esa proyección, el hombre pierde motivaciones y reduce sus estímulos para el accionar cotidiano, posiblemente hasta caer en estados depresivos.
jueves, 24 de noviembre de 2011
La evolución cultural y el orden natural
Para tener una visión unificada de las distintas ciencias sociales es necesario tener presente el proceso de la evolución cultural. Así como existe una evolución biológica, mediante la cual adquirimos mayores niveles de adaptación, existe un proceso de adaptación adicional reservado a la vida inteligente y que conocemos como evolución cultural, que está ligada a la información que adquirimos acerca del orden natural y a la posterior interpretación que le damos a la misma.
Nuestra adaptación progresiva consiste en lograr cada vez mayor aptitud para la vida en sociedad teniendo presentes las leyes impuestas por la naturaleza. Desde un punto de vista científico, se supone que todo lo existente está regido por leyes naturales invariantes, de donde podemos hablar de cierto orden natural; ya que, si no existiesen leyes, no existiría orden, sino caos. Incluso puede hablarse de una finalidad aparente, o implícita, en dicho orden, que forma parte de la descripción que hacemos del mismo. Mons. Adolfo Tortolo escribió:
“El orden natural es inviolable por su propia naturaleza. La actitud del hombre debe ser de total acatamiento. La vulneración de este orden introduce un tipo de violencia interior, cuya víctima inmediata es el mismo hombre que vulnera el orden”.
“El acatamiento, la fidelidad a las exigencias del orden natural, en definitiva son formas de acatamiento a Dios y de aceptación de su Voluntad. Acatamiento que perfecciona al individuo y lo libera de servidumbres” (Del Prólogo de “El orden natural”-Carlos A. Sacheri-Ediciones del Cruzamante-Buenos Aires 1980).
El concepto de orden natural forma parte tanto del ámbito científico como de la religión, presuponiendo que la ley natural que estudia la ciencia es la ley de Dios estudiada por la religión. Incluso la aparente finalidad que desde la ciencia se asocia al orden natural puede coincidir con la Voluntad del Creador en el lenguaje y la simbología de la religión.
Ante la presión que nos impone el conjunto de leyes de la naturaleza, para adaptarnos al orden natural, el hombre responde estableciendo un orden social, económico y político. Todo desajuste respecto de la finalidad implícita en aquél, se traducirá en sufrimientos a nivel individual y en crisis a nivel social. Podemos establecer una igualdad matemática para expresar la idea con mayor precisión:
Orden natural = Orden social + Orden económico + Orden político
En realidad, hemos definido cierto sistema autorregulado, o de realimentación negativa, en el cual el orden natural es el objetivo a lograr, mientras que se obtienen en realidad los órdenes social, económico y político. Quienes tienen a cargo el proceso de la adaptación cultural (científicos, filósofos, religiosos) comparan de alguna forma los órdenes logrados en la práctica, con el objetivo que se pretende lograr (orden natural) y, si la diferencia es grande, proponen mejorar tanto el orden social, como el económico y el político, para reducir el error y lograr un mejor nivel de adaptación cultural. De ahí que el signo igual sólo tiene validez para una adaptación cultural plena, lo que podrá darse sólo en un futuro lejano, o quizás no tan lejano.
Así como la existencia de leyes naturales invariantes es la característica esencial que hemos asociado al orden natural, podemos preguntarnos por la esencia de los órdenes restantes. En el caso del orden social podemos caracterizarlo a través de la ética imperante, mientras que su mejora vendrá del logro de una ética natural objetiva que, de alguna manera y con el tiempo, predominará en toda sociedad.
A partir de la Psicología de las actitudes, en el marco de la Psicología Social, encontramos actitudes cooperativas y competitivas, como el amor en el primer grupo y el odio en el segundo, con actitudes de indiferencia como el egoísmo y la negligencia. A partir de ellas aparece la sugerencia práctica para que prevalezca la cooperación sobre la competencia: Trata de compartir las penas y las alegrías de tus semejantes como si fuesen propias, que es otra forma de expresar al “amarás al prójimo como a ti mismo” que es la base de la ética cristiana. Luego, puede decirse que disponemos de una ética natural y objetiva que puede entrar en el ámbito de las ciencias sociales.
En el caso del orden económico, disponemos del proceso autorregulado del mercado, el cual constituye el proceso básico estudiado por la ciencia económica. Es oportuno mencionar una analogía establecida por el economista Álvaro Alsogaray entre el proceso del mercado y el sistema nervioso central en el ser humano. Al respecto escribió:
“El organismo humano tiene dos sistemas nerviosos: el neurovegetativo y el central. El primero regula espontáneamente la vida vegetativa. Es el responsable de que todo ese maravilloso mecanismo que es el cuerpo humano funcione y se desarrolle de la mejor manera posible. Y no necesita prácticamente de ningún impulso consciente para cumplir su función”.
“El sistema central, en cambio, se despreocupa de la vida vegetativa; no interviene, por ejemplo, en la regulación de la temperatura, ni en la respiración, ni en los latidos del corazón, ni coordina tampoco las innumerables interacciones que se producen. Pero tiene en cambio que ver con las decisiones de los seres humanos en su calidad y dignidad de tales y no simplemente de organismos vivos”.
“De la misma manera que el sistema neurovegetativo, el Mercado regula espontáneamente el funcionamiento del cuerpo social. Los hombres quedan así libres para dedicarse, conscientemente, a finalidades de otro orden que emanan de su carácter de seres inteligentes, dotados de una vida psíquica espiritual que influye sobre la organización de la sociedad. Si se extiende esta comparación se encontrarán muchas otras similitudes que ayudan a comprender la esencia del problema” (De “Bases para la acción política futura”-Editorial Atlántida-Buenos Aires 1969).
En cuanto al orden político, disponemos de la democracia, que también ha sido descripta como un sistema autorregulado. En ella, los distintos políticos compiten para lograr la mayor cantidad de votos en forma similar a cómo los empresarios compiten entre ellos tratando de lograr la mayor cantidad de clientes.
Podemos establecer otra igualdad, derivada de la anterior, en la cual se hace énfasis en los atributos principales asociados a cada tipo de orden:
Ley natural invariante = Ética natural objetiva + Mercado + Democracia
Debe aclararse que se considera como ley natural al vínculo permanente entre causas y efectos, y no a las leyes que provienen del derecho natural, como podría suponerse. Además, es posible que la ética natural también sea un proceso autorregulado como lo son el mercado y la democracia. Así, la conciencia individual actúa como un órgano de adaptación social por medio del cual somos capaces de ubicarnos en el lugar de otra persona para advertir su estado de felicidad o de sufrimiento. Si nuestras acciones producen sufrimiento en los demás, surgirá también un cargo de conciencia interior que tenderá a corregir nuestra actitud, siendo éste un indicio de que el proceso ético admite cierta autorregulación.
Podemos sintetizar la idea considerando que el proceso adaptativo al orden natural se comporta, desde el punto de vista del hombre, como un sistema complejo adaptativo de la misma forma en que lo hacen el orden social, el económico y el político. Como dependen, para su efectividad, de la actitud cooperativa prevaleciente en el ser humano, todos estos sistemas funcionarán aceptablemente, o no, en forma simultánea, porque en definitiva dependen de las actitudes predominantes en cada uno de los individuos que componen a la humanidad.
Una vez obtenida la igualdad anterior, podemos deducir las características de las tendencias o ideologías opuestas, representadas en otra igualdad en la que se colocan términos opuestos a los anteriores, respectivamente. En ella podemos observar que, por lo general, bajo ciertas ideologías, existe una adhesión simultánea a todos los términos que aparecen:
Caos natural = Ética artificial subjetiva + Socialismo + Totalitarismo
Por lo general, quien rechaza la existencia de un orden natural, supone que nuestro universo carece de un sentido objetivo. Si no existe un orden natural, ese vacío debe llenarse con un “orden artificial” creado por el hombre sin referencia exterior alguna. De ahí que se rechaza toda ética que pretenda ser objetiva ya que se adhiere al relativismo moral, aunque no se descarta la posibilidad de proponer una ética particular. Se rechaza la existencia del proceso autorregulado del mercado y se es partidario de un ordenamiento económico planificado, o artificial. Además, se tiende a promover regímenes políticos totalitarios que se oponen a la democracia. Nótese que los principales opositores a la religión, a la economía de mercado y a la democracia, en forma conjunta, han sido fascistas, nazis y comunistas. Las grandes catástrofes sociales están ligadas a personajes como Hitler, Stalin, Lenin, Mao, etc., precisamente quienes se oponen al proceso de adaptación cultural descripto previamente. En la actualidad, estas tendencias siguen teniendo vigencia, si bien ocultas bajo distintos disfraces humanistas.
Si tenemos presentes al orden natural, surge la sensación de que existe un gobierno de las leyes naturales sobre el hombre y es a ellas a las que debemos respetar primeramente, si bien las leyes humanas, provenientes del Derecho, por lo general las han de tener en cuenta. De esa manera evitaremos tanto el gobierno directo del hombre sobre el hombre, especialmente bajo sistemas totalitarios, o bien el ejercido por los denominados representantes de Dios de las distintas religiones. De ahí que el verdadero gobierno de Dios sobre el hombre habrá de establecerse a través de la contemplación de las leyes naturales que rigen todo el universo, especialmente las que regulan nuestro comportamiento individual y social. Carlos A Sacheri escribió:
“El derecho natural es captado espontáneamente por la conciencia moral del individuo; desde la infancia vamos viendo el contenido concreto de las normas naturales, reconociendo la malicia del robo y la mentira, por una parte, y por la otra, la bondad de la lealtad, del heroísmo, del afecto, de la vida, de la propiedad, etc.”
viernes, 12 de agosto de 2011
Personalidad y actitud característica
Mientras que la psicología trata de establecer una adecuada descripción del individuo buscando una mejor adaptación al orden social, la psiquiatría estudia las desviaciones de su conducta normal de manera de permitirle restablecer cierta estabilidad psíquica. Lo que caracteriza tal conducta, tanto desde el punto de vista emocional como racional, es aquel aspecto que conocemos bajo el nombre de personalidad. Gordon W. Allport escribió: “El descubrimiento de la personalidad es uno de los acontecimientos de la psicología más destacados del siglo actual [se refería al siglo XX]. La personalidad, dejando de lado todo lo demás que pueda ser, constituye la unidad fundamental y concreta de la vida mental que tiene formas categóricamente singulares e individuales. En el transcurso de los siglos los hombres no dejaron de describir y explorar este fenómeno de la personalidad individual” (De “Qué es la personalidad”-Editorial Siglo Veinte-Buenos Aires-1961)
Desde el conjunto de las ciencias humanas y sociales debe lograrse una teoría capaz de establecer vínculos entre las diversas teorías de la personalidad propuestas, como así también deberá permitir establecer vínculos directos con el creciente caudal de conocimientos que aporta la neurociencia. Desde esta ciencia ha podido ubicarse la zona del cerebro capaz de darnos, a cada uno de nosotros, nuestras características únicas e irrepetibles. Elkhonon Goldberg escribió: “En este libro exploro la parte de su cerebro que le hace a usted quien es y define su identidad, que encierra sus impulsos, sus ambiciones, su personalidad, su esencia: los lóbulos frontales del cerebro. Si se lesionan otras partes del cerebro, la enfermedad neurológica puede dar como resultado pérdida del lenguaje, memoria, percepción o movimiento. Pero la esencia del individuo, el núcleo de la personalidad, normalmente permanece intacta. Todo esto cambia cuando la enfermedad golpea los lóbulos frontales. Lo que entonces se pierde ya no es un atributo de su mente: es su mente, su núcleo, su yo. Los lóbulos frontales son lo mas específicamente humanas de todas las estructuras, y juegan un papel crítico en el éxito o el fracaso de cualquier empresa humana” (De “El cerebro ejecutivo”-Editorial Crítica SL-Barcelona 2002)
La psicología social utiliza, entre otros conceptos básicos, el de actitud. Si existe en los distintos individuos una personalidad única e irrepetible, ello implica que también existirá una actitud o respuesta característica que, precisamente, dará al individuo los atributos mencionados. Debe existir, por lo tanto, cierta identidad entre personalidad y actitud característica, identidad posiblemente oscurecida por conceptos definidos en forma poco precisa.
La actitud puede definirse como la relación existente entre respuesta y estimulo. También podemos expresarla según la siguiente igualdad:
Respuesta = Actitud x Estimulo
Maurice Reuchlin escribió respecto de la aparición del concepto de actitud: “La actitud ya no era una preparación motriz para la acción. Era un estado del espíritu que inclinaba a una persona a formular cierta opinión o a obrar de cierta manera con respecto a un objeto social (tal como el dinero, los extranjeros, determinada teoría, etc.)” (De “Historia de la Psicología”-Editorial Paidós-Buenos Aires 1959).
En esta expresión podemos identificar al “estado del espíritu” como la actitud, a “obrar de cierta manera” como la respuesta y al “objeto social” como el estimulo.
Las componentes de la actitud, comunes a todos los hombres, son las afectivas y las cognitivas. La individualidad del hombre surgiría entonces del agregado de tales componentes en ciertas proporciones irrepetibles, en forma similar a lo que ocurre en el ámbito biológico con el ADN. Incluso si nacieran dos individuos completamente idénticos, las distintas circunstancias de sus vidas harían que el contenido de información grabado en sus respectivas memorias fuese distinto, por lo que también seria distinta su respuesta o actitud característica.
Las componentes afectivas, o emocionales, de la actitud, son el amor, el odio, el egoísmo y la indiferencia, mientras que las componentes cognitivas consisten en la referencia adoptada para establecer el proceso de prueba y error, es decir, podría ser la realidad, la opinión propia, la opinión de otros hombres o bien lo que opina la mayoría. A partir de estas componentes afectivas y cognitivas adoptadas, surge una “teoría de la personalidad” proveniente de la psicología social.
Es oportuno mencionar que la empatía, estudiada también en neurociencia, admite componentes similares, de donde puede establecerse el vínculo entre psicología de la personalidad y neurociencia, como antes se mencionó. Luis Moya Albiol escribe:
“La empatía se conforma de dos componentes: uno de naturaleza cognitiva, otro de naturaleza emocional. El primero se relaciona con la capacidad de una persona para comprender y abstraer los procesos mentales de otro individuo. El segundo se refiere al acercamiento de un sujeto al estado emocional de otro, así como a las reacciones que ello provoca”.
“El descubrimiento de las «neuronas espejo» (neuronas que se activan al observar un estado motor, perceptivo o emocional de otro individuo) ha facilitado avanzar en la comprensión del modus operandi del cerebro empático”.
“Hallazgos recientes en primates no humanos muestran que las neuronas espejo no sólo se relacionan con la representación de la acción, sino que también facilitan la comprensión de los otros y sus intenciones, lo que estaría muy relacionado con el componente cognitivo de la empatía” (De “Mente y Cerebro”-Editorial Prensa Científica SA-Marzo-Abril 2011-Barcelona).
Otro aspecto importante a considerar es el vínculo existente entre personalidad y cultura. Así como se encontró un fundamento de la personalidad, desde la psicología social, es necesario encontrar un fundamento de la cultura. Y ello resulta posible a partir del concepto de mentalidad generalizada de la sociedad. William McDougall escribió: “Al estudiar los principios de la psicología colectiva, hemos de comenzar con las más simples formas de asociación humana y animal; pues aunque corresponde anotar que sólo los grupos humanos más altamente desarrollados manifiestan una mente colectiva, también los grupos de bajo nivel de organización exhiben en forma relativamente simple los modos de influencia reciproca entre grupo e individuo esenciales para la existencia de la mente colectiva” (De “Introducción a la Psicología”-Editorial Paidós-Buenos Aires 1961).
Si bien la mente colectiva, o generalizada, no existe en ningún lugar del espacio, la interacción e influencia reciproca entre los distintos individuos en sociedad, permiten establecer descripciones aceptables considerando tal concepto. De ahí que la cultura de los pueblos, como consecuencia de las ideas básicas que existen en sus individuos, puede estar estrechamente vinculada, incluso materializada, en tal mentalidad generalizada. Joseph Nuttin escribió:
“Otro punto de vista en antropología cultural ha puesto en evidencia la interacción entre la personalidad y la cultura: en lugar de estudiar la influencia de la cultura sobre la personalidad, se demuestra que los rasgos de personalidad de un pueblo determinan las particularidades de su cultura. Así, por ejemplo, se ha demostrado que algunas características típicas de ciertas culturas se explican fácilmente partiendo de ciertas formas o rasgos de personalidad predominantes en un grupo determinado”.
“Cuando Linton y Kardiner comenzaron a estudiar la cultura y la personalidad, no ya en una u otra forma especial de sus manifestaciones, sino como estructuras de conjunto, pusieron de relieve la continuidad de la personalidad a través de su desarrollo, y, en consecuencia, la relación entre las experiencias de la primera infancia y los rasgos de carácter de la persona adulta”.
“Esta configuración de la personalidad que será más o menos común a los miembros de una misma sociedad, en virtud de las similares experiencias infantiles, es denominada por estos autores personalidad básica. Se trata de ese componente fundamental, esa armazón más o menos idéntica, que subtiende las formas concretas más individualizadas de la personalidad” (De “La estructura de la personalidad”-Editorial Kapeluz SA-Buenos Aires 1968).
Existe también una relación entre las definiciones de cultura y personalidad. Anthony F. C. Wallace escribió: “La más famosa definición de cultura pertenece a Taylor: «Cultura es ese todo complejo que incluye conocimientos, creencias, arte, moral, leyes, costumbres y cualquier otra aptitud o hábito adquirido por el hombre como miembro de la sociedad»”. Prosigue: “Si en ella sustituimos la palabra «cultura» por «personalidad», y «hombre» por «individuo», servirá también como una pasable definición de personalidad” (De “Cultura y personalidad”-Buenos Aires 1963). Entonces tendremos: “Personalidad es ese todo complejo que incluye conocimientos, creencias, arte, moral, leyes, costumbres y cualquier otra aptitud o hábito adquirido por el individuo como miembro de la sociedad”.
La mejora de las sociedades provendrá de una mejora cultural, por lo que quedará materializada en una mejora de la mentalidad generalizada predominante. La idea básica será la de que existe un orden natural inmanente al cual nos debemos adaptar. Esta idea es esencialmente similar a la creencia en un Dios trascendente que impone sus leyes a los hombres. La manera en que podrá generalizarse la religión será a través de la religión natural, que podrá contar con el fundamento de la ciencia experimental.
Debemos tener presente que el hombre posee atributos éticos, intelectuales y estéticos, de ahí que dedicar todos nuestros esfuerzos al bienestar de nuestro cuerpo, relegando los demás atributos, significa adoptar la personalidad el hombre mutilado, incapaz de lograr niveles aceptables de felicidad.
La sociedad de consumo resulta ser así como un cuerpo sin alma, sin objetivos trascendentes y que, a la corta o a la larga, cae en severas crisis sociales y económicas o bien perdura en un nivel de pobreza y mediocridad general.
Desde el conjunto de las ciencias humanas y sociales debe lograrse una teoría capaz de establecer vínculos entre las diversas teorías de la personalidad propuestas, como así también deberá permitir establecer vínculos directos con el creciente caudal de conocimientos que aporta la neurociencia. Desde esta ciencia ha podido ubicarse la zona del cerebro capaz de darnos, a cada uno de nosotros, nuestras características únicas e irrepetibles. Elkhonon Goldberg escribió: “En este libro exploro la parte de su cerebro que le hace a usted quien es y define su identidad, que encierra sus impulsos, sus ambiciones, su personalidad, su esencia: los lóbulos frontales del cerebro. Si se lesionan otras partes del cerebro, la enfermedad neurológica puede dar como resultado pérdida del lenguaje, memoria, percepción o movimiento. Pero la esencia del individuo, el núcleo de la personalidad, normalmente permanece intacta. Todo esto cambia cuando la enfermedad golpea los lóbulos frontales. Lo que entonces se pierde ya no es un atributo de su mente: es su mente, su núcleo, su yo. Los lóbulos frontales son lo mas específicamente humanas de todas las estructuras, y juegan un papel crítico en el éxito o el fracaso de cualquier empresa humana” (De “El cerebro ejecutivo”-Editorial Crítica SL-Barcelona 2002)
La psicología social utiliza, entre otros conceptos básicos, el de actitud. Si existe en los distintos individuos una personalidad única e irrepetible, ello implica que también existirá una actitud o respuesta característica que, precisamente, dará al individuo los atributos mencionados. Debe existir, por lo tanto, cierta identidad entre personalidad y actitud característica, identidad posiblemente oscurecida por conceptos definidos en forma poco precisa.
La actitud puede definirse como la relación existente entre respuesta y estimulo. También podemos expresarla según la siguiente igualdad:
Respuesta = Actitud x Estimulo
Maurice Reuchlin escribió respecto de la aparición del concepto de actitud: “La actitud ya no era una preparación motriz para la acción. Era un estado del espíritu que inclinaba a una persona a formular cierta opinión o a obrar de cierta manera con respecto a un objeto social (tal como el dinero, los extranjeros, determinada teoría, etc.)” (De “Historia de la Psicología”-Editorial Paidós-Buenos Aires 1959).
En esta expresión podemos identificar al “estado del espíritu” como la actitud, a “obrar de cierta manera” como la respuesta y al “objeto social” como el estimulo.
Las componentes de la actitud, comunes a todos los hombres, son las afectivas y las cognitivas. La individualidad del hombre surgiría entonces del agregado de tales componentes en ciertas proporciones irrepetibles, en forma similar a lo que ocurre en el ámbito biológico con el ADN. Incluso si nacieran dos individuos completamente idénticos, las distintas circunstancias de sus vidas harían que el contenido de información grabado en sus respectivas memorias fuese distinto, por lo que también seria distinta su respuesta o actitud característica.
Las componentes afectivas, o emocionales, de la actitud, son el amor, el odio, el egoísmo y la indiferencia, mientras que las componentes cognitivas consisten en la referencia adoptada para establecer el proceso de prueba y error, es decir, podría ser la realidad, la opinión propia, la opinión de otros hombres o bien lo que opina la mayoría. A partir de estas componentes afectivas y cognitivas adoptadas, surge una “teoría de la personalidad” proveniente de la psicología social.
Es oportuno mencionar que la empatía, estudiada también en neurociencia, admite componentes similares, de donde puede establecerse el vínculo entre psicología de la personalidad y neurociencia, como antes se mencionó. Luis Moya Albiol escribe:
“La empatía se conforma de dos componentes: uno de naturaleza cognitiva, otro de naturaleza emocional. El primero se relaciona con la capacidad de una persona para comprender y abstraer los procesos mentales de otro individuo. El segundo se refiere al acercamiento de un sujeto al estado emocional de otro, así como a las reacciones que ello provoca”.
“El descubrimiento de las «neuronas espejo» (neuronas que se activan al observar un estado motor, perceptivo o emocional de otro individuo) ha facilitado avanzar en la comprensión del modus operandi del cerebro empático”.
“Hallazgos recientes en primates no humanos muestran que las neuronas espejo no sólo se relacionan con la representación de la acción, sino que también facilitan la comprensión de los otros y sus intenciones, lo que estaría muy relacionado con el componente cognitivo de la empatía” (De “Mente y Cerebro”-Editorial Prensa Científica SA-Marzo-Abril 2011-Barcelona).
Otro aspecto importante a considerar es el vínculo existente entre personalidad y cultura. Así como se encontró un fundamento de la personalidad, desde la psicología social, es necesario encontrar un fundamento de la cultura. Y ello resulta posible a partir del concepto de mentalidad generalizada de la sociedad. William McDougall escribió: “Al estudiar los principios de la psicología colectiva, hemos de comenzar con las más simples formas de asociación humana y animal; pues aunque corresponde anotar que sólo los grupos humanos más altamente desarrollados manifiestan una mente colectiva, también los grupos de bajo nivel de organización exhiben en forma relativamente simple los modos de influencia reciproca entre grupo e individuo esenciales para la existencia de la mente colectiva” (De “Introducción a la Psicología”-Editorial Paidós-Buenos Aires 1961).
Si bien la mente colectiva, o generalizada, no existe en ningún lugar del espacio, la interacción e influencia reciproca entre los distintos individuos en sociedad, permiten establecer descripciones aceptables considerando tal concepto. De ahí que la cultura de los pueblos, como consecuencia de las ideas básicas que existen en sus individuos, puede estar estrechamente vinculada, incluso materializada, en tal mentalidad generalizada. Joseph Nuttin escribió:
“Otro punto de vista en antropología cultural ha puesto en evidencia la interacción entre la personalidad y la cultura: en lugar de estudiar la influencia de la cultura sobre la personalidad, se demuestra que los rasgos de personalidad de un pueblo determinan las particularidades de su cultura. Así, por ejemplo, se ha demostrado que algunas características típicas de ciertas culturas se explican fácilmente partiendo de ciertas formas o rasgos de personalidad predominantes en un grupo determinado”.
“Cuando Linton y Kardiner comenzaron a estudiar la cultura y la personalidad, no ya en una u otra forma especial de sus manifestaciones, sino como estructuras de conjunto, pusieron de relieve la continuidad de la personalidad a través de su desarrollo, y, en consecuencia, la relación entre las experiencias de la primera infancia y los rasgos de carácter de la persona adulta”.
“Esta configuración de la personalidad que será más o menos común a los miembros de una misma sociedad, en virtud de las similares experiencias infantiles, es denominada por estos autores personalidad básica. Se trata de ese componente fundamental, esa armazón más o menos idéntica, que subtiende las formas concretas más individualizadas de la personalidad” (De “La estructura de la personalidad”-Editorial Kapeluz SA-Buenos Aires 1968).
Existe también una relación entre las definiciones de cultura y personalidad. Anthony F. C. Wallace escribió: “La más famosa definición de cultura pertenece a Taylor: «Cultura es ese todo complejo que incluye conocimientos, creencias, arte, moral, leyes, costumbres y cualquier otra aptitud o hábito adquirido por el hombre como miembro de la sociedad»”. Prosigue: “Si en ella sustituimos la palabra «cultura» por «personalidad», y «hombre» por «individuo», servirá también como una pasable definición de personalidad” (De “Cultura y personalidad”-Buenos Aires 1963). Entonces tendremos: “Personalidad es ese todo complejo que incluye conocimientos, creencias, arte, moral, leyes, costumbres y cualquier otra aptitud o hábito adquirido por el individuo como miembro de la sociedad”.
La mejora de las sociedades provendrá de una mejora cultural, por lo que quedará materializada en una mejora de la mentalidad generalizada predominante. La idea básica será la de que existe un orden natural inmanente al cual nos debemos adaptar. Esta idea es esencialmente similar a la creencia en un Dios trascendente que impone sus leyes a los hombres. La manera en que podrá generalizarse la religión será a través de la religión natural, que podrá contar con el fundamento de la ciencia experimental.
Debemos tener presente que el hombre posee atributos éticos, intelectuales y estéticos, de ahí que dedicar todos nuestros esfuerzos al bienestar de nuestro cuerpo, relegando los demás atributos, significa adoptar la personalidad el hombre mutilado, incapaz de lograr niveles aceptables de felicidad.
La sociedad de consumo resulta ser así como un cuerpo sin alma, sin objetivos trascendentes y que, a la corta o a la larga, cae en severas crisis sociales y económicas o bien perdura en un nivel de pobreza y mediocridad general.
jueves, 23 de junio de 2011
La ciencia como sistema complejo adaptativo
Toda ciencia se construye a partir de leyes naturales, es decir, tiene como principal objetivo la descripción de los vínculos permanentes entre causas y efectos que existen en la naturaleza. Estos vínculos han sido asociados a las funciones matemáticas estableciéndose así un poderoso método de descripción que se emplea tanto en las ciencias naturales como en las ciencias sociales. Como ejemplo de ley natural causal podemos mencionar a las leyes básicas del mercado:
a- Cuando aumenta el precio de un producto, disminuye su demanda (por parte de los consumidores).
b- Cuando aumenta el precio de un producto, aumenta su oferta (por parte de los productores).
Además de este tipo de ley natural, existen también los “sistemas complejos adaptativos”, que en realidad son sistemas de realimentación negativa. En ellos, los efectos controlan (retroactivamente) a las causas que los producen buscando cierta estabilidad asociada a un determinado objetivo.
Siguiendo con el ejemplo anterior, y teniendo presente que el aumento de la oferta tiende a presionar al precio a disminuir, mientras que el aumento de la demanda tiende a presionarlo a subir, tenemos que la diferencia entre la oferta y la demanda actúa como un lazo de realimentación que tiende a estabilizar el precio determinando también una oferta y una demanda estabilizadas. Podemos hacer una síntesis de los procesos mencionados:
1) Sistemas simples: las causas producen efectos
2) Sistemas complejos adaptativos: las causas son controladas por los efectos (retroactivamente) en la búsqueda de cierto objetivo (bajo una condición de estabilidad).
Tanto los sistemas simples como los complejos admiten una relación del tipo respuesta/estímulo que ha de caracterizar su comportamiento.
Los sistemas complejos adaptativos tienen la particularidad de adquirir información del medio que lo rodea. Así, los seres vivientes encuentran regularidades y establecen modelos descriptivos teniendo presente una posterior adaptación. Si existen diferencias apreciables entre el modelo elaborado y la realidad, proponen otros modelos para que se reduzcan esas diferencias. Si se elabora más de un modelo, se considera que compiten hasta que, mediante una selección, se elige a uno de ellos.
Como un ejemplo adicional podemos mencionar el proceso de adaptación cultural del hombre respecto del orden natural. En este caso podemos presuponer la existencia de un sistema complejo adaptativo que tiene como objetivo nuestra adaptación a las leyes que conforman el orden natural (si existen leyes, podemos hablar de la existencia de cierto orden).
Como, por lo general, es grande la diferencia entre el hombre en proceso de adaptación y el hombre totalmente adaptado, debemos aumentar nuestro nivel de conocimientos para reducir esa diferencia. Esta tendencia está asociada al “principio de complejidad-conciencia” propuesto por Pierre Teilhard de Chardin. A mayor información, mayor adaptación y mayor nivel de conciencia en el ser humano.
En cuanto al lazo de realimentación, que tiene presente el objetivo (plena adaptación) y lo compara con el estado real del hombre (en proceso adaptativo) podemos considerar a los profetas y a los filósofos, que dan sugerencias éticas tratando de acercarnos al objetivo aparente que genera y motiva el proceso de adaptación cultural de la humanidad.
Con todo ello vemos la potencia del método. Si deseamos hablar sobre filosofía de la historia, o acerca de la finalidad aparente del universo, debemos basar nuestra discusión en un sistema complejo adaptativo similar al descripto. Si adoptamos este procedimiento es posible pasar de la filosofía de la historia a la ciencia de la historia. Podemos decir que, si las ciencias sociales aspiran a mejorar tanto en su nivel de precisión como en su grado de eficacia, se deberán tener presentes, además de las leyes causales, a los sistemas complejos adaptativos.
En cuanto a la ciencia experimental, podemos también considerarla como un sistema realimentado. Si denominamos como R a la realidad existente, o a una parte de ella, mientras que con M(t) designamos a los modelos establecidos para su adecuada descripción, tenemos presente que R no cambia en el tiempo (leyes naturales invariantes) mientras que los modelos propuestos sí han de cambiar.
El lazo de realimentación será el individuo capaz de observar tanto a R como a M(t) para efectuar su comparación determinado el error existente, es decir: Error = R − M(t). Esta es la esencia del método experimental por cuanto tal error será determinado en forma experimental. La magnitud del error indicará al científico si debe aceptar el modelo propuesto, mejorarlo o bien reemplazarlo por otro.
Este proceso, conocido como de “prueba y error”, es la base de una posterior teoría del conocimiento. Karl Popper escribió:
“Aunque he limitado mi discusión al desarrollo del conocimiento en la ciencia, mis observaciones son también aplicables, creo que sin muchos cambios, al desarrollo del conocimiento precientífico, es decir, a la manera general en que los hombres, e incluso los animales, adquieren nuevos conocimientos fácticos acerca del mundo. El método de aprendizaje de ensayo y error –de aprender de nuestros errores- parece ser fundamentalmente el mismo, ya sea practicado por animales más o menos desarrollados, por chimpancés o por hombres de ciencia. Mi interés no se dirige meramente a la teoría del conocimiento científico, sino más bien a la teoría del conocimiento en general. Ahora bien, el estudio del desarrollo del conocimiento científico es, creo, la manera más fructífera de estudiar el desarrollo del conocimiento en general. Puede decirse que el desarrollo del conocimiento científico es el desarrollo del conocimiento humano ordinario amplificado” (De “Conjeturas y refutaciones”-Editorial Paidós SA-Barcelona 2001).
El conocimiento individual opera bajo el mismo principio adoptado por la ciencia experimental, que podemos sintetizar en la siguiente secuencia:
a) Encontrar regularidades acerca del medio a describir (leyes)
b) Establecer modelos tentativos
c) Comparar dichos modelos con la realidad descripta
d) Si la diferencia es grande, volver al primer paso o al segundo tratando de reducir el error.
e) Rechazar los modelos que presenten mayores errores.
En cuanto al comportamiento social del hombre, R será esta vez el conjunto de aspectos inherentes a nuestra esencia humana, también regido por leyes naturales, mientras que M(t) serán los modelos establecidos para su descripción (dentro del ámbito de la psicología, principalmente). A partir de la descripción hecha, se habrá de sugerir una acción concreta que modifique, al menos en parte, nuestra actitud característica, o nuestra visión respecto de la vida. Podemos decir que existirá entre las ciencias sociales y las sugerencias éticas concretas una relación similar a la existente entre ciencia y tecnología. Así, una teoría científica describe leyes naturales, mientras que la tecnología propone soluciones para una mejor adaptación a partir del conocimiento de tales leyes, mientras que una teoría del conocimiento describe leyes, asociadas esta vez a nuestro comportamiento, mientras que una teoría de la acción ética propone un comportamiento adecuado para una mejor adaptación.
Hemos visto que tanto la economía, como el proceso de la evolución cultural, como la ciencia experimental, el propio proceso del conocimiento individual y la mejora ética derivan, en principio, de adecuadas descripciones de sistemas complejos adaptativos, por lo cual es conveniente tenerlos presentes a la hora de establecer teorías en el ámbito de las ciencias sociales. Murray Gell-Mann escribió:
“La investigación en las ciencias de la complejidad, no sólo intenta desentrañar el significado de lo simple y lo complejo, sino también las semejanzas y diferencias entre los sistemas complejos adaptativos implicados en procesos tan diversos como el origen de la vida, la evolución biológica, la dinámica de los ecosistemas, el sistema inmunitario de los mamíferos, el aprendizaje y los procesos mentales de los animales (incluido el hombre), la evolución de las sociedades humanas, el comportamiento de los inversores en los mercados financieros y el empleo de programas y/o equipos informáticos diseñados para desarrollar estrategias o hacer predicciones basadas en observaciones previas”.
“Lo que tienen en común todos estos procesos es la existencia de un sistema complejo adaptativo que adquiere información acerca tanto de su entorno como de la interacción entre el propio sistema y dicho entorno, identificando regularidades, condensándolas en una especie de «esquema» o modelo y actuando en el mundo real sobre la base de dicho esquema. En cada caso hay diversos esquemas en competencia, y los resultados de la acción en el mundo real influyen de modo retroactivo en dicha competencia” (De “El Quark y el Jaguar” Tusquets Editores SA – Barcelona 1995)
En cuanto al controvertido tema de la competencia entre seres humanos, promovida a veces, y rechazada otras veces, podemos decir que las decisiones humanas que promueven una mejor adaptación harán uso de una selección o competencia cooperativa, mientras que las acciones que apuntan a vencer a otros hombres sin que exista algún tipo de mejora adaptativa, harán uso de una competencia destructiva.
a- Cuando aumenta el precio de un producto, disminuye su demanda (por parte de los consumidores).
b- Cuando aumenta el precio de un producto, aumenta su oferta (por parte de los productores).
Además de este tipo de ley natural, existen también los “sistemas complejos adaptativos”, que en realidad son sistemas de realimentación negativa. En ellos, los efectos controlan (retroactivamente) a las causas que los producen buscando cierta estabilidad asociada a un determinado objetivo.
Siguiendo con el ejemplo anterior, y teniendo presente que el aumento de la oferta tiende a presionar al precio a disminuir, mientras que el aumento de la demanda tiende a presionarlo a subir, tenemos que la diferencia entre la oferta y la demanda actúa como un lazo de realimentación que tiende a estabilizar el precio determinando también una oferta y una demanda estabilizadas. Podemos hacer una síntesis de los procesos mencionados:
1) Sistemas simples: las causas producen efectos
2) Sistemas complejos adaptativos: las causas son controladas por los efectos (retroactivamente) en la búsqueda de cierto objetivo (bajo una condición de estabilidad).
Tanto los sistemas simples como los complejos admiten una relación del tipo respuesta/estímulo que ha de caracterizar su comportamiento.
Los sistemas complejos adaptativos tienen la particularidad de adquirir información del medio que lo rodea. Así, los seres vivientes encuentran regularidades y establecen modelos descriptivos teniendo presente una posterior adaptación. Si existen diferencias apreciables entre el modelo elaborado y la realidad, proponen otros modelos para que se reduzcan esas diferencias. Si se elabora más de un modelo, se considera que compiten hasta que, mediante una selección, se elige a uno de ellos.
Como un ejemplo adicional podemos mencionar el proceso de adaptación cultural del hombre respecto del orden natural. En este caso podemos presuponer la existencia de un sistema complejo adaptativo que tiene como objetivo nuestra adaptación a las leyes que conforman el orden natural (si existen leyes, podemos hablar de la existencia de cierto orden).
Como, por lo general, es grande la diferencia entre el hombre en proceso de adaptación y el hombre totalmente adaptado, debemos aumentar nuestro nivel de conocimientos para reducir esa diferencia. Esta tendencia está asociada al “principio de complejidad-conciencia” propuesto por Pierre Teilhard de Chardin. A mayor información, mayor adaptación y mayor nivel de conciencia en el ser humano.
En cuanto al lazo de realimentación, que tiene presente el objetivo (plena adaptación) y lo compara con el estado real del hombre (en proceso adaptativo) podemos considerar a los profetas y a los filósofos, que dan sugerencias éticas tratando de acercarnos al objetivo aparente que genera y motiva el proceso de adaptación cultural de la humanidad.
Con todo ello vemos la potencia del método. Si deseamos hablar sobre filosofía de la historia, o acerca de la finalidad aparente del universo, debemos basar nuestra discusión en un sistema complejo adaptativo similar al descripto. Si adoptamos este procedimiento es posible pasar de la filosofía de la historia a la ciencia de la historia. Podemos decir que, si las ciencias sociales aspiran a mejorar tanto en su nivel de precisión como en su grado de eficacia, se deberán tener presentes, además de las leyes causales, a los sistemas complejos adaptativos.
En cuanto a la ciencia experimental, podemos también considerarla como un sistema realimentado. Si denominamos como R a la realidad existente, o a una parte de ella, mientras que con M(t) designamos a los modelos establecidos para su adecuada descripción, tenemos presente que R no cambia en el tiempo (leyes naturales invariantes) mientras que los modelos propuestos sí han de cambiar.
El lazo de realimentación será el individuo capaz de observar tanto a R como a M(t) para efectuar su comparación determinado el error existente, es decir: Error = R − M(t). Esta es la esencia del método experimental por cuanto tal error será determinado en forma experimental. La magnitud del error indicará al científico si debe aceptar el modelo propuesto, mejorarlo o bien reemplazarlo por otro.
Este proceso, conocido como de “prueba y error”, es la base de una posterior teoría del conocimiento. Karl Popper escribió:
“Aunque he limitado mi discusión al desarrollo del conocimiento en la ciencia, mis observaciones son también aplicables, creo que sin muchos cambios, al desarrollo del conocimiento precientífico, es decir, a la manera general en que los hombres, e incluso los animales, adquieren nuevos conocimientos fácticos acerca del mundo. El método de aprendizaje de ensayo y error –de aprender de nuestros errores- parece ser fundamentalmente el mismo, ya sea practicado por animales más o menos desarrollados, por chimpancés o por hombres de ciencia. Mi interés no se dirige meramente a la teoría del conocimiento científico, sino más bien a la teoría del conocimiento en general. Ahora bien, el estudio del desarrollo del conocimiento científico es, creo, la manera más fructífera de estudiar el desarrollo del conocimiento en general. Puede decirse que el desarrollo del conocimiento científico es el desarrollo del conocimiento humano ordinario amplificado” (De “Conjeturas y refutaciones”-Editorial Paidós SA-Barcelona 2001).
El conocimiento individual opera bajo el mismo principio adoptado por la ciencia experimental, que podemos sintetizar en la siguiente secuencia:
a) Encontrar regularidades acerca del medio a describir (leyes)
b) Establecer modelos tentativos
c) Comparar dichos modelos con la realidad descripta
d) Si la diferencia es grande, volver al primer paso o al segundo tratando de reducir el error.
e) Rechazar los modelos que presenten mayores errores.
En cuanto al comportamiento social del hombre, R será esta vez el conjunto de aspectos inherentes a nuestra esencia humana, también regido por leyes naturales, mientras que M(t) serán los modelos establecidos para su descripción (dentro del ámbito de la psicología, principalmente). A partir de la descripción hecha, se habrá de sugerir una acción concreta que modifique, al menos en parte, nuestra actitud característica, o nuestra visión respecto de la vida. Podemos decir que existirá entre las ciencias sociales y las sugerencias éticas concretas una relación similar a la existente entre ciencia y tecnología. Así, una teoría científica describe leyes naturales, mientras que la tecnología propone soluciones para una mejor adaptación a partir del conocimiento de tales leyes, mientras que una teoría del conocimiento describe leyes, asociadas esta vez a nuestro comportamiento, mientras que una teoría de la acción ética propone un comportamiento adecuado para una mejor adaptación.
Hemos visto que tanto la economía, como el proceso de la evolución cultural, como la ciencia experimental, el propio proceso del conocimiento individual y la mejora ética derivan, en principio, de adecuadas descripciones de sistemas complejos adaptativos, por lo cual es conveniente tenerlos presentes a la hora de establecer teorías en el ámbito de las ciencias sociales. Murray Gell-Mann escribió:
“La investigación en las ciencias de la complejidad, no sólo intenta desentrañar el significado de lo simple y lo complejo, sino también las semejanzas y diferencias entre los sistemas complejos adaptativos implicados en procesos tan diversos como el origen de la vida, la evolución biológica, la dinámica de los ecosistemas, el sistema inmunitario de los mamíferos, el aprendizaje y los procesos mentales de los animales (incluido el hombre), la evolución de las sociedades humanas, el comportamiento de los inversores en los mercados financieros y el empleo de programas y/o equipos informáticos diseñados para desarrollar estrategias o hacer predicciones basadas en observaciones previas”.
“Lo que tienen en común todos estos procesos es la existencia de un sistema complejo adaptativo que adquiere información acerca tanto de su entorno como de la interacción entre el propio sistema y dicho entorno, identificando regularidades, condensándolas en una especie de «esquema» o modelo y actuando en el mundo real sobre la base de dicho esquema. En cada caso hay diversos esquemas en competencia, y los resultados de la acción en el mundo real influyen de modo retroactivo en dicha competencia” (De “El Quark y el Jaguar” Tusquets Editores SA – Barcelona 1995)
En cuanto al controvertido tema de la competencia entre seres humanos, promovida a veces, y rechazada otras veces, podemos decir que las decisiones humanas que promueven una mejor adaptación harán uso de una selección o competencia cooperativa, mientras que las acciones que apuntan a vencer a otros hombres sin que exista algún tipo de mejora adaptativa, harán uso de una competencia destructiva.
viernes, 22 de abril de 2011
Actitud, valores y deducciones
Es deseable disponer, en las ciencias sociales, de algún concepto unificador que permita deducir la mayor parte de los fenómenos descriptos por aquéllas. Tal parece ser el concepto de actitud, tema central de la psicología social. M. Ginsberg escribió: “El papel de la psicología social es mostrar cómo las estructuras sociales y sus modificaciones influyen sobre la mentalidad de los individuos y los grupos que forman la sociedad; y recíprocamente, cómo el estado mental de los miembros afecta las estructuras sociales”.
Si algún aspecto observable puede constituir el punto de partida de sucesivas deducciones, se trata de un axioma que podrá establecer el fundamento de alguna teoría. Además, el concepto de actitud constituye una especie de puente natural entre el individuo y la sociedad, de ahí su gran generalidad. Jean Maisonneuve escribió:
“La aparición del concepto de actitud significa un progreso muy importante, porque la actitud, intermediaria entre el plano psicológico y el plano social, traduce la posición de un individuo, miembro de un grupo, frente a un problema colectivo. Por ejemplo, la actitud de Juan o Pedro en su familia, en un juego, o en una reunión política, expresa a la vez una reacción frente a ciertos hechos sociales determinados, y la intención de asumir cierta determinación, cierto rol”.
“Pero la actitud es también un concepto colectivo: podemos considerar las actitudes de un grupo frente a otro, de un público frente a una obra de teatro o una película; de un partido o de un sindicato frente a algún problema nacional o internacional. Bajo el aspecto verbal de la opinión, se presta a encuestas y a manipulaciones estadísticas que debían muy pronto alcanzar enorme desarrollo”.
“Las ventajas de una noción como la de actitud son múltiples; en primer lugar, libera a los investigadores de controversias entre escuelas sobre problemas tan trillados como los de individuo-sociedad, naturaleza-educación; en segundo lugar, gana en significación concreta, puesto que permite precisar a la vez los individuos estudiados y las situaciones y ambientes en los que se los considera. Por último, al mismo tiempo que es susceptible de un tratamiento cuantitativo simple, la actitud presenta un contenido cualitativo y significativo” (De “Psicología Social”- Editorial Paidós SA-Buenos Aires 1967).
Podemos hacer un breve esquema de una descripción del individuo y de la sociedad a través del concepto mencionado de actitud:
1- La actitud (y sus componentes) puede considerarse como un punto de partida o axioma.
2- La actitud es el vínculo natural entre individuo y grupo social
3- Es posible realizar deducciones, a partir de los axiomas, para la descripción de la mayor parte de los fenómenos sociales.
El siguiente planteamiento cubriría, en principio, todos los requerimientos de una teoría básica de las ciencias sociales, pero éste no es sino un “esqueleto” básico que debe completarse de una manera adecuada. El presente esquema permite, desde la psicología social, obtener una visión amplia de la sociedad.
En cuanto al posterior desarrollo de la teoría, podemos proponer a las componentes afectivas y cognitivas de la actitud, aspectos que pueden ser incluidos de diversas formas según sea la visión particular de cada pensador, si bien es posible que sólo algunas pocas opciones sean las que se ajusten mejor a la realidad. Una de las propuestas es la siguiente:
Componentes afectivas: son las posibles respuestas de todo individuo ante la presencia o la referencia de otros individuos: Amor. Odio. Egoísmo. Negligencia.
Componentes cognitivas: son las referencias principales sostenidas por todo individuo para la aceptación o el rechazo de un nuevo conocimiento o de una opinión ajena. Esta referencia estará constituida por la propia realidad, la postura de algún líder, la postura propia, lo que opina la mayoría.
Si bien estas componentes permiten la deducción de muchos aspectos inherentes al individuo y a la sociedad, deben incluirse algunos valores básicos, que vendrían a ser los objetivos o tendencias generales respecto de lo que cada hombre pretende hacer con su propia vida. Edwin Hollander escribió:
“Los gustos, los modales y la moral que nos caracterizan reflejan nuestras actitudes, así como los valores sociales que les sirven de base. La visión que un individuo tiene de su mundo y el modo en que actúa frente a él pueden ser entendidos, en gran medida, observando las actitudes que conforman su campo psicológico”.
“Actitudes y valores por igual poseen propiedades que definen lo que se espera y lo que se desea. Cabe concebirlos, por consiguiente, como estados motivacional-perceptuales que dirigen la acción” (De “Principios y métodos de Psicología Social”-Amorrortu Editores SCA-Buenos Aires 1968).
Es oportuno mencionar el siguiente párrafo del biólogo Françoise Jacob: “Llevo pues en mí, esculpida desde mi infancia, una especie de estatua interior que da continuidad a mi vida y que es la parte más íntima, el núcleo más duro de mi carácter. Esta estatua la he ido moldeando durante toda la vida. La he ido retocando sin cesar. La he afinado. La he pulido. Mi escoplo y mi cincel son encuentros y combinaciones…” (De “La estatua interior”-Tusquets Editores SA-Barcelona 1989). En este caso hace referencia a la adopción de ciertos valores básicos adoptados desde niño y que luego acrecentará durante el resto de su vida.
Para la descripción de los valores adoptados por la mayor parte de los seres humanos, podemos sintetizarlos en los siguientes:
Valores: Éticos (Afectivos, que apuntan hacia el Bien). Estéticos (Asociados a la belleza exterior y a las comodidades del cuerpo). Intelectuales (Asociados a la búsqueda de la Verdad). Sin valores (Ausencia de objetivos definidos).
Mirando hacia el futuro podemos vislumbrar la realización de estudios en neurociencia sobre los aspectos éticos, estéticos y cognitivos del hombre. El destacado neurocientífico Jean-Pierre Changeux escribió: “Los cursos de los últimos años me permitieron ir más allá y tratar temas que se encuentran en la interfase sensible de las ciencias humanas y la neurociencia. Entre los que más me interesan están la estética, la ética y también la epistemología, cuya «naturalización» se encuentra en curso, pero que sin duda aún tomará muchos años más. Espero que este libro pueda dar al menos una idea de la inmensidad del campo que se abre gracias a la neurociencia contemporánea por sus interacciones con las ciencias humanas y sociales” (De “Sobre lo verdadero, lo bello y el bien”-Katz Editores-Buenos Aires 2010).
En cuanto a las deducciones que podrán establecerse luego de explicitarse los principios adoptados, deberán dar respuesta a los interrogantes fundamentales del hombre cuya ignorancia puede seguir acarreando sufrimiento y conflictos. Uno de esos casos lo constituye la “natural bondad” o bien la “natural maldad” del hombre, siendo esta última una creencia que promueve el establecimiento de Estados totalitarios.
Considerando las cuatro componentes afectivas de la actitud, podemos afirmar que el hombre dispone tanto de actitudes cooperativas como de competitivas, y que el predominio de una sobre las otras depende de lo que los propios hombres decidan. A lo largo de la historia hemos comprobado que puede predominar tanto la “bondad natural” como la “maldad natural”, por cuanto no es adecuado considerarlas como puntos de partida de una filosofía o de una postura política o económica, ya que existen distintas actitudes básicas en la propia naturaleza humana siendo su predominio algo enteramente decidido por los propios seres humanos.
Nótese cómo las posturas extremas de la influencia totalmente preponderante de la herencia genética (a través de la raza) ha fundamentado al totalitarismo nazi, mientras que la influencia totalmente preponderante de la sociedad (a través de las clases sociales) ha fundamentado al totalitarismo marxista. Si tenemos presente que nuestras acciones personales dependen tanto de nuestra herencia como de la influencia del medio social, veremos el serio error que comenten ambas tendencias.
Los sistemas colectivistas, que se oponen al individualismo, han propuesto siempre el predominio de la sociedad o de la Nación sobre la integridad y la seguridad personal. El altruismo, como actitud que promueve el sacrificio personal por el bien prioritario de la sociedad o de la Nación, no forma parte de ninguna actitud natural y ahí seguramente radica una de las causas de los pobres resultados logrados por las tendencias totalitarias.
También es objeto de controversia la preponderancia del individuo sobre la sociedad o bien la preponderancia de la sociedad sobre el individuo. Es indudable de que existe una influencia en ambos sentidos pero, si deseamos mejorar tanto la individuo como a la sociedad, resulta evidente que debemos hacer prevalecer nuestras actitudes cooperativas, adoptar como referencia a la propia realidad y tener una equilibrada ambición de valores personales, es decir, éticos, estéticos y culturales, sin dejar de lado ninguno de ellos.
Si algún aspecto observable puede constituir el punto de partida de sucesivas deducciones, se trata de un axioma que podrá establecer el fundamento de alguna teoría. Además, el concepto de actitud constituye una especie de puente natural entre el individuo y la sociedad, de ahí su gran generalidad. Jean Maisonneuve escribió:
“La aparición del concepto de actitud significa un progreso muy importante, porque la actitud, intermediaria entre el plano psicológico y el plano social, traduce la posición de un individuo, miembro de un grupo, frente a un problema colectivo. Por ejemplo, la actitud de Juan o Pedro en su familia, en un juego, o en una reunión política, expresa a la vez una reacción frente a ciertos hechos sociales determinados, y la intención de asumir cierta determinación, cierto rol”.
“Pero la actitud es también un concepto colectivo: podemos considerar las actitudes de un grupo frente a otro, de un público frente a una obra de teatro o una película; de un partido o de un sindicato frente a algún problema nacional o internacional. Bajo el aspecto verbal de la opinión, se presta a encuestas y a manipulaciones estadísticas que debían muy pronto alcanzar enorme desarrollo”.
“Las ventajas de una noción como la de actitud son múltiples; en primer lugar, libera a los investigadores de controversias entre escuelas sobre problemas tan trillados como los de individuo-sociedad, naturaleza-educación; en segundo lugar, gana en significación concreta, puesto que permite precisar a la vez los individuos estudiados y las situaciones y ambientes en los que se los considera. Por último, al mismo tiempo que es susceptible de un tratamiento cuantitativo simple, la actitud presenta un contenido cualitativo y significativo” (De “Psicología Social”- Editorial Paidós SA-Buenos Aires 1967).
Podemos hacer un breve esquema de una descripción del individuo y de la sociedad a través del concepto mencionado de actitud:
1- La actitud (y sus componentes) puede considerarse como un punto de partida o axioma.
2- La actitud es el vínculo natural entre individuo y grupo social
3- Es posible realizar deducciones, a partir de los axiomas, para la descripción de la mayor parte de los fenómenos sociales.
El siguiente planteamiento cubriría, en principio, todos los requerimientos de una teoría básica de las ciencias sociales, pero éste no es sino un “esqueleto” básico que debe completarse de una manera adecuada. El presente esquema permite, desde la psicología social, obtener una visión amplia de la sociedad.
En cuanto al posterior desarrollo de la teoría, podemos proponer a las componentes afectivas y cognitivas de la actitud, aspectos que pueden ser incluidos de diversas formas según sea la visión particular de cada pensador, si bien es posible que sólo algunas pocas opciones sean las que se ajusten mejor a la realidad. Una de las propuestas es la siguiente:
Componentes afectivas: son las posibles respuestas de todo individuo ante la presencia o la referencia de otros individuos: Amor. Odio. Egoísmo. Negligencia.
Componentes cognitivas: son las referencias principales sostenidas por todo individuo para la aceptación o el rechazo de un nuevo conocimiento o de una opinión ajena. Esta referencia estará constituida por la propia realidad, la postura de algún líder, la postura propia, lo que opina la mayoría.
Si bien estas componentes permiten la deducción de muchos aspectos inherentes al individuo y a la sociedad, deben incluirse algunos valores básicos, que vendrían a ser los objetivos o tendencias generales respecto de lo que cada hombre pretende hacer con su propia vida. Edwin Hollander escribió:
“Los gustos, los modales y la moral que nos caracterizan reflejan nuestras actitudes, así como los valores sociales que les sirven de base. La visión que un individuo tiene de su mundo y el modo en que actúa frente a él pueden ser entendidos, en gran medida, observando las actitudes que conforman su campo psicológico”.
“Actitudes y valores por igual poseen propiedades que definen lo que se espera y lo que se desea. Cabe concebirlos, por consiguiente, como estados motivacional-perceptuales que dirigen la acción” (De “Principios y métodos de Psicología Social”-Amorrortu Editores SCA-Buenos Aires 1968).
Es oportuno mencionar el siguiente párrafo del biólogo Françoise Jacob: “Llevo pues en mí, esculpida desde mi infancia, una especie de estatua interior que da continuidad a mi vida y que es la parte más íntima, el núcleo más duro de mi carácter. Esta estatua la he ido moldeando durante toda la vida. La he ido retocando sin cesar. La he afinado. La he pulido. Mi escoplo y mi cincel son encuentros y combinaciones…” (De “La estatua interior”-Tusquets Editores SA-Barcelona 1989). En este caso hace referencia a la adopción de ciertos valores básicos adoptados desde niño y que luego acrecentará durante el resto de su vida.
Para la descripción de los valores adoptados por la mayor parte de los seres humanos, podemos sintetizarlos en los siguientes:
Valores: Éticos (Afectivos, que apuntan hacia el Bien). Estéticos (Asociados a la belleza exterior y a las comodidades del cuerpo). Intelectuales (Asociados a la búsqueda de la Verdad). Sin valores (Ausencia de objetivos definidos).
Mirando hacia el futuro podemos vislumbrar la realización de estudios en neurociencia sobre los aspectos éticos, estéticos y cognitivos del hombre. El destacado neurocientífico Jean-Pierre Changeux escribió: “Los cursos de los últimos años me permitieron ir más allá y tratar temas que se encuentran en la interfase sensible de las ciencias humanas y la neurociencia. Entre los que más me interesan están la estética, la ética y también la epistemología, cuya «naturalización» se encuentra en curso, pero que sin duda aún tomará muchos años más. Espero que este libro pueda dar al menos una idea de la inmensidad del campo que se abre gracias a la neurociencia contemporánea por sus interacciones con las ciencias humanas y sociales” (De “Sobre lo verdadero, lo bello y el bien”-Katz Editores-Buenos Aires 2010).
En cuanto a las deducciones que podrán establecerse luego de explicitarse los principios adoptados, deberán dar respuesta a los interrogantes fundamentales del hombre cuya ignorancia puede seguir acarreando sufrimiento y conflictos. Uno de esos casos lo constituye la “natural bondad” o bien la “natural maldad” del hombre, siendo esta última una creencia que promueve el establecimiento de Estados totalitarios.
Considerando las cuatro componentes afectivas de la actitud, podemos afirmar que el hombre dispone tanto de actitudes cooperativas como de competitivas, y que el predominio de una sobre las otras depende de lo que los propios hombres decidan. A lo largo de la historia hemos comprobado que puede predominar tanto la “bondad natural” como la “maldad natural”, por cuanto no es adecuado considerarlas como puntos de partida de una filosofía o de una postura política o económica, ya que existen distintas actitudes básicas en la propia naturaleza humana siendo su predominio algo enteramente decidido por los propios seres humanos.
Nótese cómo las posturas extremas de la influencia totalmente preponderante de la herencia genética (a través de la raza) ha fundamentado al totalitarismo nazi, mientras que la influencia totalmente preponderante de la sociedad (a través de las clases sociales) ha fundamentado al totalitarismo marxista. Si tenemos presente que nuestras acciones personales dependen tanto de nuestra herencia como de la influencia del medio social, veremos el serio error que comenten ambas tendencias.
Los sistemas colectivistas, que se oponen al individualismo, han propuesto siempre el predominio de la sociedad o de la Nación sobre la integridad y la seguridad personal. El altruismo, como actitud que promueve el sacrificio personal por el bien prioritario de la sociedad o de la Nación, no forma parte de ninguna actitud natural y ahí seguramente radica una de las causas de los pobres resultados logrados por las tendencias totalitarias.
También es objeto de controversia la preponderancia del individuo sobre la sociedad o bien la preponderancia de la sociedad sobre el individuo. Es indudable de que existe una influencia en ambos sentidos pero, si deseamos mejorar tanto la individuo como a la sociedad, resulta evidente que debemos hacer prevalecer nuestras actitudes cooperativas, adoptar como referencia a la propia realidad y tener una equilibrada ambición de valores personales, es decir, éticos, estéticos y culturales, sin dejar de lado ninguno de ellos.
lunes, 22 de noviembre de 2010
¿ Hacia una teoría social única ?
En épocas pasadas, el conocimiento existente formaba parte de alguna de las ramas de la filosofía. El progresivo avance de la ciencia fue limitando paulatinamente sus alcances.
Así como algunos filósofos establecieron sistemas completos, o sistemas de conocimientos ordenados y sustentados en algunos principios, o supuestos básicos, en nuestra época ha de ser posible establecer un “sistema científico”, es decir, una teoría general de las ciencias sociales que sea compatible con el conocimiento aportado por las distintas ramas de la ciencia experimental.
Además, es de esperar que en el futuro no sólo sea compatible con ese conocimiento, sino que lo incluya como parte de tal teoría.
¿Qué debe incluir tal teoría?
Immanuel Kant escribió: “Toda filosofía es teórica o práctica. La filosofía teórica es la regla del conocimiento; la filosofía práctica es la regla del comportamiento en lo que atañe al libre albedrío” (De “Lecciones de Ėtica”). En esta expresión aparecen los dos grandes temas de la filosofía y de las ciencias sociales:
a) Teoría del conocimiento
b) Teoría de la acción ética.
De ahí que una teoría general de las ciencias sociales deba partir de principios simples, accesibles a la observación directa, que abarquen estos dos aspectos básicos del comportamiento humano.
La respuesta de la Psicología Social
Algunos autores definen a la Psicología Social como “el estudio científico de la actitud”, siendo la actitud la respuesta característica de cada individuo ante diferentes estímulos y que, además, materializa lo que comúnmente denominamos “personalidad”.
Podemos mencionar la definición establecida por F. H. Allport: “Una actitud es una disposición mental y neurológica, que se organiza a partir de la experiencia que ejerce influencia directriz o dinámica sobre las reacciones del individuo respecto de todos los objetos y a todas las situaciones que les corresponden”.
Es oportuno mencionar que la actitud característica presenta dos componentes principales:
a) Componentes afectivas
b) Componentes cognitivas
Aquí vemos que existe una coincidencia con los objetivos de la filosofía (según la expresión de Kant antes mencionada). Vemos que, a partir de ciertos atributos asociados a todo individuo y que caen bajo la perspectiva de la ciencia experimental, tal el caso de la Psicología Social, es posible construir las bases de un sistema científico en lugar del filosófico.
Componentes afectivas
Teniendo presente las dos tendencias del comportamiento humano (cooperación y competencia) podemos describir las componentes afectivas, o actitudes básicas, que cubren la totalidad de las respuestas afectivas posibles.
Así tenemos al amor (permite compartir las penas y alegrías de nuestros semejantes) como la actitud cooperativa esencial. También tenemos al odio (permite responder con alegría al sufrimiento ajeno y con tristeza por la felicidad ajena) como la actitud competitiva esencial.
El egoísmo implica interesarnos solo por cada uno de nosotros mismos mientras que la inacción esta asociada a la negligencia (no interesarnos por los demás ni tampoco por nosotros mismos).
Componentes cognitivas
También en el caso de las componentes cognitivas podemos orientarnos con las tendencias hacia la cooperación y hacia la competencia.
Habiéndose establecido previamente una descripción del procedimiento natural del conocimiento, establecido mediante “prueba y error” (asociado a la comparación de toda nueva información con alguna referencia) podemos decir que las componentes cognitivas de la actitud vendrán materializadas con la referencia preponderante adoptada por cada individuo.
En el caso de la tendencia a la cooperación, podemos decir que la referencia adoptada es la propia realidad. Ello implica que el individuo tiene cierta necesidad por conocer la verdad, que es común a todos los seres humanos (por lo que se justificaría asociarla a la cooperación). De todas formas, se hace tal asociación para tener una analogía formal con las componentes afectivas, si bien no es tan evidente que la búsqueda de la verdad siempre implique una actitud cooperativa.
La tendencia a la competencia la podemos asociar a la adopción, como referencia, de la opinión de algún líder religioso, político, filosófico o científico. El individuo se somete intelectualmente y “apuesta” a la veracidad total de lo expresado por el líder elegido. De esa forma se asegura estar en la cima del mundo intelectual.
Debe aclararse que es distinto el caso del que toma como referencia a la realidad y que, en sus intentos por acercarse a la verdad, adopta las opiniones de otros como una ayuda para conocerla mejor, mientras que el sometido intelectualmente llega incluso a despreocuparse por la realidad y por la verdad.
La tendencia egoísta podemos asociarla al que considera como referencia a su propia opinión sobre la realidad. Ni siquiera confía en las opiniones de los que más saben sobre algún tema considerado.
Finalmente, asociado a la negligencia, podemos mencionar al hombre masa, que toma como referencia lo que está generalizado; a lo que opina y cree la mayoría.
Atributos de las actitudes
Es necesario decir que las componentes básicas se dan, en general, como una mezcla de dos o más de ellas en una misma persona. Además, estas actitudes personales pueden cambiar debido a la interacción social. Podemos sintetizar al conjunto de las componentes de la actitud:
Componentes afectivas: amor, odio, egoísmo, negligencia.
Componentes cognitivas (referencia): realidad, líder, uno mismo, los demás.
En este esquema está implícito el “debe ser” que no es otra cosa que la optimización de lo que el individuo “es”.
Si deseamos acentuar nuestra esencia cooperativa, debemos intentar compartir el sufrimiento y la felicidad de los demás, mientras que, simultáneamente, debemos tomar como referencia a la propia realidad quedando libres de toda tendencia competitiva
Así como algunos filósofos establecieron sistemas completos, o sistemas de conocimientos ordenados y sustentados en algunos principios, o supuestos básicos, en nuestra época ha de ser posible establecer un “sistema científico”, es decir, una teoría general de las ciencias sociales que sea compatible con el conocimiento aportado por las distintas ramas de la ciencia experimental.
Además, es de esperar que en el futuro no sólo sea compatible con ese conocimiento, sino que lo incluya como parte de tal teoría.
¿Qué debe incluir tal teoría?
Immanuel Kant escribió: “Toda filosofía es teórica o práctica. La filosofía teórica es la regla del conocimiento; la filosofía práctica es la regla del comportamiento en lo que atañe al libre albedrío” (De “Lecciones de Ėtica”). En esta expresión aparecen los dos grandes temas de la filosofía y de las ciencias sociales:
a) Teoría del conocimiento
b) Teoría de la acción ética.
De ahí que una teoría general de las ciencias sociales deba partir de principios simples, accesibles a la observación directa, que abarquen estos dos aspectos básicos del comportamiento humano.
La respuesta de la Psicología Social
Algunos autores definen a la Psicología Social como “el estudio científico de la actitud”, siendo la actitud la respuesta característica de cada individuo ante diferentes estímulos y que, además, materializa lo que comúnmente denominamos “personalidad”.
Podemos mencionar la definición establecida por F. H. Allport: “Una actitud es una disposición mental y neurológica, que se organiza a partir de la experiencia que ejerce influencia directriz o dinámica sobre las reacciones del individuo respecto de todos los objetos y a todas las situaciones que les corresponden”.
Es oportuno mencionar que la actitud característica presenta dos componentes principales:
a) Componentes afectivas
b) Componentes cognitivas
Aquí vemos que existe una coincidencia con los objetivos de la filosofía (según la expresión de Kant antes mencionada). Vemos que, a partir de ciertos atributos asociados a todo individuo y que caen bajo la perspectiva de la ciencia experimental, tal el caso de la Psicología Social, es posible construir las bases de un sistema científico en lugar del filosófico.
Componentes afectivas
Teniendo presente las dos tendencias del comportamiento humano (cooperación y competencia) podemos describir las componentes afectivas, o actitudes básicas, que cubren la totalidad de las respuestas afectivas posibles.
Así tenemos al amor (permite compartir las penas y alegrías de nuestros semejantes) como la actitud cooperativa esencial. También tenemos al odio (permite responder con alegría al sufrimiento ajeno y con tristeza por la felicidad ajena) como la actitud competitiva esencial.
El egoísmo implica interesarnos solo por cada uno de nosotros mismos mientras que la inacción esta asociada a la negligencia (no interesarnos por los demás ni tampoco por nosotros mismos).
Componentes cognitivas
También en el caso de las componentes cognitivas podemos orientarnos con las tendencias hacia la cooperación y hacia la competencia.
Habiéndose establecido previamente una descripción del procedimiento natural del conocimiento, establecido mediante “prueba y error” (asociado a la comparación de toda nueva información con alguna referencia) podemos decir que las componentes cognitivas de la actitud vendrán materializadas con la referencia preponderante adoptada por cada individuo.
En el caso de la tendencia a la cooperación, podemos decir que la referencia adoptada es la propia realidad. Ello implica que el individuo tiene cierta necesidad por conocer la verdad, que es común a todos los seres humanos (por lo que se justificaría asociarla a la cooperación). De todas formas, se hace tal asociación para tener una analogía formal con las componentes afectivas, si bien no es tan evidente que la búsqueda de la verdad siempre implique una actitud cooperativa.
La tendencia a la competencia la podemos asociar a la adopción, como referencia, de la opinión de algún líder religioso, político, filosófico o científico. El individuo se somete intelectualmente y “apuesta” a la veracidad total de lo expresado por el líder elegido. De esa forma se asegura estar en la cima del mundo intelectual.
Debe aclararse que es distinto el caso del que toma como referencia a la realidad y que, en sus intentos por acercarse a la verdad, adopta las opiniones de otros como una ayuda para conocerla mejor, mientras que el sometido intelectualmente llega incluso a despreocuparse por la realidad y por la verdad.
La tendencia egoísta podemos asociarla al que considera como referencia a su propia opinión sobre la realidad. Ni siquiera confía en las opiniones de los que más saben sobre algún tema considerado.
Finalmente, asociado a la negligencia, podemos mencionar al hombre masa, que toma como referencia lo que está generalizado; a lo que opina y cree la mayoría.
Atributos de las actitudes
Es necesario decir que las componentes básicas se dan, en general, como una mezcla de dos o más de ellas en una misma persona. Además, estas actitudes personales pueden cambiar debido a la interacción social. Podemos sintetizar al conjunto de las componentes de la actitud:
Componentes afectivas: amor, odio, egoísmo, negligencia.
Componentes cognitivas (referencia): realidad, líder, uno mismo, los demás.
En este esquema está implícito el “debe ser” que no es otra cosa que la optimización de lo que el individuo “es”.
Si deseamos acentuar nuestra esencia cooperativa, debemos intentar compartir el sufrimiento y la felicidad de los demás, mientras que, simultáneamente, debemos tomar como referencia a la propia realidad quedando libres de toda tendencia competitiva
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